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jueves, 30 de agosto de 2012

41. (concurso) MIS OCULTOS PLACERES



En el almuerzo saboreé sus labios que se entreabrían por la suave presión de mis dedos.  Se ofrecía a mi con la ansiedad típica de los que descubren nuevas sensaciones y  la intensidad de mi entrega  parecía encontrar una respuesta idéntica, una atracción sublime en donde el deseo se confundía con la tentación y ésta con el acto finalmente satisfecho.

Había prometido no volver a tener esta clase de encuentros clandestinos. Lo eran. Nadie podía suponer que yo, una nutricionista reputada  mantuviera este tipo de relaciones esporádicas.

Descansaba sobre la toalla en la playa de Cavallería escuchando música cuando el recuerdo del encuentro volvió a mí incitándome a repetir la experiencia. La agitación no me dejaba concentrarme en el libro que estaba leyendo. Antonio movía los labios. Saque de mis oídos los auriculares. Me estaba invitando a pasear por el arenal. Accedí. La arena quemaba con el sol. Por fin llegamos a la orilla. Antonio no paraba de hablar. Mis pensamientos estaban en aquella piel saboreada, en las sensaciones que me produjeron los pequeños mordiscos,  lamer con suavidad y lentitud unos dedos convertidos en miel.  Los sonidos de la playa, las voces de niños jugando, gritos gozosos de bañistas, las olas que rompían en nuestros pies desaparecían de pronto. Solo el recuerdo se asomaba al calor mediterráneo. Antonio me tocó levemente el hombro. Me apremiaba una contestación, un si o un no, pero no había escuchado su pregunta. Me la repitió. Me proponía irnos al hotel, salir a cenar al restaurante que habíamos visto de camino a la playa. Accedí aunque mis planes eran otros bien distintos. El calor era agobiante, unas pequeñas gotas de sudor me resbalaban por las sienes llegando a mis gafas. Me las saqué y lancé un breve suspiro.  Mientras recogíamos las toallas y  las metía en la bolsa un pequeño ticket cayó sobre la arena. Antonio lo recogió preguntándome  con el papel  entre sus dedos índice y corazón sobre aquello.  Como en otras ocasiones mi reacción fue rápida y solventé la situación. Tomé el ticket y lo arrugué en mi mano sin desecharlo. Era la prueba de mi encuentro y el tenerlo fuertemente aprisionado en mi puño me provocó  aún más el deseo de un nuevo encuentro.

Los primeros instantes de la cena iban transcurriendo con cierto nerviosismo por mi parte pero Antonio siempre tuvo una habilidad especial para hacer que situaciones en principio nada memorables se convirtiesen en momentos inolvidables. Poco a poco fui descubriendo a otro Antonio. Fue en  el postre cuando supe que realmente me conocía, que conocía mis secretos, mis encuentros furtivos. Se levantó para regresar al poco tiempo con aquellos labios que se entreabrirían con la suave presión de mis dedos.  Mi cuerpo de pronto volvió a sentir el placer de ser acariciada por dentro sintiendo en mi boca la dulzura de aquel cuerpo de chocolate perfecto, sintiendo como el placer nacía en cada porción de milhoja de chocolate y trufas.

 Margarita Laietana

 

 

miércoles, 29 de agosto de 2012

40. (concurso) LA ULTIMA NOCHE DE AGOSTO



Tras el biombo escuchó unas voces que hablaban en voz baja y un tintineo de llaves. Un hombre y una mujer discutían algo sobre un coche. La voz masculina hablaba nerviosamente mientras que la femenina lo cortaba exigiéndole tranquilidad. Esa voz era sumamente fría, monótona. Permaneció tras el biombo hasta que escuchó como unos pasos se encaminaban hacia la puerta cerrándola. La oscuridad de la estancia era violada por la luz de la luna llena de Agosto. Una tabla crujió fuertemente bajo sus pies haciendo que se detuviera de pronto y permaneciese inmóvil con un pie en alto que descendía con cuidado hacia el suelo.

Sintió frío. Mucho frío, a pesar de que momentos antes el calor le parecía insoportable. No sabía muy bien que hacía en aquel lugar. Se acercó a la ventana. Una cortina cubría los cristales. La apartó descubriendo unos grandes árboles que movían sus ramas golpeando la cornisa. Un perro ladraba a lo lejos. Cada vez más cerca hasta que  divisó como su perfil se detenía y ladraba con insistencia frente a la ventana. En el breve instante  en que su mirada se fijaba en una chaqueta tirada en el suelo, un ruido fuerte, un golpe seco hizo que el ladrido cesase. Volvió a descorrer la cortina. Descubrió a dos personas que parecían llevar a una tercera  cogiéndola de las axilas,  haciendo que sus pies  se arrastrasen por el suelo. Reconoció la voz de una de ellas. Era el hombre que poco antes estaba en la habitación. Su voz era inconfundible. La persona que llevaban parecía que se movía un poco. En un momento observó como las otras dos la soltaban y la mujer de la voz fría y monótona le propinaba un fuerte golpe con  una barra. Se retiró espantado de la ventana dando pequeños pasos hacia atrás hasta que tropezó con algo en el suelo. Eduard Muntaner se encontró de ese modo a su mujer Amparo Guillot. Extrañados se miraron comprendiendo que habían sido asesinados mientras unas voces en la sala de al lado parecían leer los titulares de un periódico riendo a carcajadas.

“Según los testigos del  fatal accidente Clara Martin  y joseph Guillot el coche del  matrimonio Muntaner  se precipitó sobre el barranco cuando regresaban de Cadaqués. Joaquín Guillot  anunció asimismo que los funerales  de su hermana y cuñado se celebrarán en la intimidad de la residencia familiar”.
 
Angela Bluetooth

 

39. (concurso) EL ULTIMO VERANO



Como cada año al finalizar el curso, Rodrigo llegaba a casa y, con actitud orgullosa, agitaba frente a sus padres  su hoja de notas repleta de notables y algún que otro sobresaliente. Pasada la revisión paterna, se permitía recrearse durante un largo rato con los elogios de su madre. “¡Qué niño más listo! Igualito que su madre… Y es que si a mí me hubieran dejado estudiar, otro gallo cantaría”. Ésta era, sin duda, la frase que daba el pistoletazo de salida al verano de Rodrigo. Ante él se amontonaban un sinfín de días para ser gastados de la manera que él quisiera, sin apenas obligaciones y con multitud de planes todavía por hacer. Siguiendo con el ritual de todos los años, Rodrigo bajaba al trastero para desempolvar su bicicleta, esa fiel amiga de todos los veranos sobre la que vivía infinidad de aventuras y la culpable, también, de todas esas marcas y cicatrices que surcaban sus piernas. A lomos de ella recorrería los infinitos caminos que rodeaban su casa para descubrir parajes nuevos deseando ser conquistados.

Sin embargo, Rodrigo no podía imaginarse ni por un momento que aquel verano no sería como los demás. Éste sería el verano de la desesperanza, el verano en el que una niña, venida desde la ciudad, acabaría con la inocencia de Rodrigo. Porque fue descubrirla una noche en la verbena de las fiestas y quedarse prendado de ella. Él, que consideraba a todas las niñas de su clase seres de un planeta muy lejano al suyo, no pudo luchar contra el influjo de  aquellos cabellos rubios atados en dos coletas, ni contra esa cara pecosa,  fruto, seguro, de largas tardes jugando en la calle al sol. Ni mucho menos fue capaz de resistirse a esa sonrisa que mostraba unos dientes ciertamente desordenados, dándole un aire de niña de traviesa.

Fueron pocas las canciones que necesitaron aquella noche para hacerse amigos y así pasar el resto del  verano juntos jugando a policías y ladrones, destruyendo hormigueros o coleccionando piedras de todos los tamaños imaginables.

Pero como casi todas las cosas en esta vida, el verano también llegó a su fin y aquella niña de cabellos rubios y graciosa sonrisa desapareció de su vida para siempre, dejando entonces un tremendo vacío en él. Fue ese verano, el de la desesperanza, el que marcó a Rodrigo para siempre, ese que lo hizo menos niño y más hombre. Fue el último verano con aroma a niñez.

 

 

                                                                                                                     Rakelinda

martes, 28 de agosto de 2012

38. (concurso) VERANO SOBRE LIENZO



Quiso pintar el verano perfecto y en su empeño, buscó parajes a lo ancho y largo del mundo para hacer realidad su proyecto. El lienzo, debía medir 98x191, igual que “La maja desnuda” de Goya, para Manuel, el mejor cuadro de la historia del arte, y para rendir homenaje a su autor predilecto, sólo utilizaría los colores preferidos por el pintor aragonés: el amarillo de Nápoles, el violeta de cobalto, el verde Veronese y el blanco de plata. Encontrar esos colores, había sido una empresa casi imposible, hoy no se utilizan productos tan venenosos para hacer pinturas. El verde y el amarillo, se los trajeron del estudio de un pintor italiano que mezclaba sus pinturas con la habilidad de un químico; el violeta, le llegó de la India, muy usado en aquella cultura para representar deidades y el blanco, tuvo que conseguirlo en una tienda de bellas artes de la calle Carretas por una pequeña fortuna. Para confeccionar el lienzo, usó un algodón egipcio de cuatro capas tratado con parafina, que evita filtraciones excesivas del óleo que emborronen la composición. Los pinceles serían nuevos, fabricados en Japón con madera de ébano y pelo de tapir y la paleta, la había encontrado en el Rastro, se trataba de un corte de madera de un tronco de ginkgo biloba con la forma de una de sus hojas.

Viajó por los cinco continentes durante dos años, pero el violeta de cobalto le faltaba. En ningún amanecer, en ninguna puesta de sol, lo había encontrado. Hasta que un día, paseando al atardecer por la playa de Berria en Santoña, lo vio. Era el tono de violeta que buscaba. Un pescador le contó, que aquel color aparecía los días despejados de Julio en los que al atardecer, se formaban pequeños jirones de nubes gracias al frío viento del noroeste.

Durante tres semanas salieron pocos días despejados y en menos ocasiones, sopló el noroeste por la tarde, pero cuando lo hizo, antes de irse la luz del sol, apareció el violeta. El verde, lo traían consigo el monte Buciero y el Brusco que enmarcaban la playa de Berria, el sol, agonizaba de amarillo y el blanco, aparecía en la espuma que dejaban las olas. Mezclando los cuatro colores, Manuel, creó el resto del paisaje.

Apenas dormía, por las tardes pintaba en la playa y por las noches retocaba su pintura en la habitación del hostal. Comía cuando se acordaba y bebía cuando el dolor de cabeza le impedía continuar, cuanto más hermoso era el cuadro, peor era su salud. Al finalizar la tercera semana, terminó su obra.

Manuel, amaneció muerto. El cuadro, lucía imponente en el caballete junto a la ventana que daba al mar. En la autopsia se dictaminó muerte por agotamiento, pero Manuel, en realidad, murió de verano, de viento noroeste, de Verde veronese, de blanco de plata, de amarillo de Nápoles y de violeta de cobalto.

 

 

 

FANCHO      

37. (concurso)UN AMOR QUE TRASPASA NOVELAS



Eran las seis de la mañana, el sol se mostraba perezoso pero tenía el deber de salir, Ulises se lo había prometido a Amaranta.

Amaranta lo esperaba con su pelo recogido enseñando descaradamente la nuca, su piel era morena y parecía brillar con los primeros rayos que el sol ya regalaba. Ulises la miraba y pensaba en la armonía, la dulzura y la belleza de aquella pequeña silueta de su amada. Bajaron hasta el puerto en donde se encontraba el velero de Ulises y subieron a bordo.  

Mientras Ulises seguía el rumbo navegando a través, Amaranta lo abrazaba por la espalda le encantaba sentir el calor de su piel sobre sus pechos, se excitaba con el olor a sal que se mezclaba con el tibio sudor de su amado.

Querían detener el tiempo y que el tiempo se detuviese a si mismo, pero sabían que solo contaban con aquel maravilloso sol, él les marcaría el final de su trayectoria cuando se pusiera por poniente y ya no fuera posible ver ni siquiera un ápice de su luz, entonces significaría que el viaje había terminado.

 Llegaron al lugar adecuado, elegido días antes por Ulises, éste detuvo el barco soltando escotas hasta que las velas quedaron flameando, el barco fue perdiendo velocidad poco a poco. Amaranta se quitó el pantalón y el jersey y se quedó desnuda. Ulises no tuvo que quitarse nada, ya iba lo suficientemente desnudo. Cuando ya estaban los dos en el agua se abrazaron formando un ángulo casi perfecto, se besaron una, dos, tres, millones de veces, por tantas veces como habían escrito en sus menajes la palabra beso. El agua del mar les regalaba pequeñas olas que causaban en ellos un extraño placer.

Ulises sujetaba a Amaranta, era como una pluma entre sus brazos, y al refugio de uno de los lados del  Sondemar se entregaban mutuamente a lo que tantas y tantas veces habían soñado, hablado, estudiado, pero esta vez era una realidad. El vaivén de las olas rompía cada vez con más fuerza y pronto comenzó la tormenta.

Hacían el amor como si fuera el último deseo que la vida les iba a permitir, y lo era, se repetían al oído incansablemente “te quiero”.

Cuando culminó el acto de su amor perpetuo, quedaron tan extasiados que se dejaron sumergir por las aguas de aquel mar sin nombre. Ulises miró a Amaranta e inmediatamente comprendió lo que podía suceder. Tiró de ella fuertemente hacia la superficie, Amaranta respiró profundamente, aunque no hubiera querido hacerlo. El sol se estremecía por poniente y el sueño se terminaba.

Ulises atracó primero cerca de la ciénaga de Macondo para dejar a Amaranta en la más caótica soledad y puso el Sondemar rumbo a Ítaca de donde nunca debió regresar.

De cara al sol el plástico ardiente,
volcó de pronto una gota de amor,
-del más puro amor- y pasión en mi piel,
que fría no puedo, aunque quiero, quitar
sin romperme la carne adherida con él. (Versos censurados
de la Odisea.)

Seudónimo: Martina.

 

 

viernes, 24 de agosto de 2012

36. (concurso) 8 DE SEPTIEMBRE



Había una vez una chica muy hermosa y muy asustada. Vivía sola, excepto por un gato sin nombre. Su apartamento estaba en la planta más alta de un bloque en el centro de la ciudad. Era un pequeño reino en el que ella se sentía tranquila, protegida de la gran urbe por sus cuatro paredes delgadas y blancas.

Por la mañana se levantaba al amanecer, daba de comer a su gato y salía a trabajar. Tomaba el autobús que la llevaba a un gran edificio de oficinas en las afueras, donde pasaba su jornada escribiendo las notas que otras tomaban. mediodía se compraba un bocadillo y un refresco en un kiosco, y se sentaba en un banco del parque cercano, siempre el mismo y siempre sola.

Era una joven bonita, con el largo pelo castaño liso y bien peinado, unos alegres ojos negros que chispeaban cuando se reía y unas piernas largas y bien torneadas, que le habían procurado muchos piropos cuando caminaba cerca de un grupo de obreros. Algunas veces un compañero nuevo intentaba acercarse a ella, entablar conversación, tal vez iniciar una relación. Pero nunca volvía, y ella se había acostumbrado a comer su bocadillo acomodada en su banco del parque.

Regresaba al trabajo junto con la multitud que formaban los oficinistas de la zona, todos entrando a la misma hora, pasando el resto del día haciendo el mismo trabajo, hasta la hora de salida. Fichaba y bajaba al metro, tomando el primer tren junto con decenas de ejecutivos que la miraban ocasionalmente, a veces con lujuria en los ojos.

Llegaba a casa y su rostro se iluminaba. Durante el verano llegaba a tiempo para ver hundirse al sol entre los tejados de la ciudad, mientras las luces de las torres se encendían, y con las miles de farolas convertían el suelo en un cielo de estrellas anaranjadas. El gato siempre la recibía en la puerta. Era un gato atigrado, de ojos verdes y pelaje espeso, que se enroscaba en su pierna, sin dejar de maullar y seguirla.

Ella llegaba, se desnudaba en su habitación y salía al balcón para ver el ocaso, con el gato en brazos. Mientras la luz se desvanecía ella se transformaba: su piel adquiría un pelaje negro brillante y sedoso, le crecían garras en manos y pies, sus orejas se alargaban, mientras su nariz retrocedía al tiempo que unos largos y fuertes bigotes le iban creciendo. Disminuía de tamaño, se encorvaba, le crecía una fuerte y grácil cola, que finalmente se liaba con la del gato, su amante y amigo...

La noche les pertenecía. Por los tejados y callejones de la ciudad se sentían libres. Vagaban sin rumbo, corriendo, cazando, jugando por los aleros con los rabos entrelazados… Hacían el amor en espacios impensables, se perseguían y buscaban sin descanso, hasta que las primeras notas de los jilgueros sonaban en la madrugada, y ella, desnuda, con su amor en los brazos, regresaba a esas cuatro paredes que la protegían de la mediocridad.

 

Huelquén

 

lunes, 20 de agosto de 2012

35. (concurso) DULCE VERANO


Solo quedaba un día para que terminase su verano. Sara había pasado sus quince años veraneando en la playa con su familia, pero aquel año había sido diferente, ella quiso que fuera diferente. “Aquí nadie me conoce”-. Pensó, “Puedo ser yo misma”-.

Había conocido un grupo de chicos. Durante todo el verano había ido con ellos a fiestas, a las calas a bañarse e incluso uno de ellos le había expresado sus sentimientos. Aquello estaba fuera de su vida normal, era un sueño hecho realidad que se rompería al día siguiente, cuando volviese a su colegio. “Tan solo un año más “-. Pensó apesadumbrada. “ Solo uno más y saldré del infierno para no volver, todo será como aquí, una vida nueva “.

Su madre se acercó y la estrechó entre sus brazos.

-        Creo que tus amigos te van a preparar esta noche una fiesta de despedida – Le dijo.

Lo había imaginado pero no quería estropearles la sorpresa.

-        Tendrás que estar guapa, podrías ponerte el vestido que te pusiste en la fiesta del colegio el año pasado.

Sara sonrió y se levantó de la hamaca. La playa estaba tranquila aquella mañana. Recordaba aquel vestido. Un precioso vestido blanco, con vuelo y ceñido a la cintura, con unos bonitos tirantes finos. Se lo puso en la fiesta de fin de curso del año anterior. Por suerte su madre no llegó a ver como quedó el vestido después de la fiesta. Aquella noche la había pasado llorando en casa de su tía. Sus compañeros de curso la habían esperado a la salida del colegio con spray de graffiti, después de un par de empujones acabó en el suelo con el vestido roto y hasta arriba de pintura. No se lo dijo a sus padres entonces y no pretendía hacerlo en aquel momento.

-        Mejor otro vestido mamá, tengo mucha ropa y es muy blanco para salir de noche, no quiero estropearlo.

-        Como quieras. Desde que estás aquí te noto distinta cariño, estás mucho más alegre que en la ciudad, quizás te venga bien que pasemos aquí los fines de semana, ¿Te gustaría?

Sara se giró y observó a su madre con un brillo en la mirada. Aquello haría que el año pasase volando y le daría valor para enfrentarse a sus compañeros, ahora sabía que ella no era el problema, había conseguido ser ella misma y allí en el calor de la playa la habían tratado como a una más. Ya no dejaría que le pegasen en clase, ni que le robaran la ropa en los vestuarios, o le insultasen…

Aquella noche se puso un vestido verde, verde esperanza, sus amigos la recibieron con pancartas, le habían hecho una foto tamaño póster en la que aparecían todos en la playa y por detrás todas sus dedicatorias. Carlos se le acercó tímido como siempre y la besó. 



Aquel beso a Sara le supo a verano.


Saori




miércoles, 15 de agosto de 2012

34. (concurso) UN VERANO CUALQUIERA


Con los ojos llenos de lágrimas, observaba a los veraneantes de agosto caminar ajetreados por debajo de su ventana. Iban cargados de sillas plegables, sombrillas, cubos, palas de plástico, colchonetas inflables, neveras llenas de refrescos  y bolsas de toallas. Desfilaban en dirección al mar con paso cansino, pero contentos y risueños. El calor plomizo les hacía moverse lentamente y con pereza.

Miranda los observaba desde su balcón sentada en su silla de ruedas y con la tristeza en los ojos. El año pasado ella también formaba parte del espectáculo. Se  echaba crema y se ponía el bikini, y cargada con la bolsa de esparto, se fundía junto a la marea humana rumbo a la playa. Ahora sólo podía observar y, acurrucada en su esquina, lloraba desconsolada por su mala suerte.

“Se les ve tan alegres”, pensaba.  Y ese pensamiento le hacía aún más desgraciada.

Cerró los ojos y se imaginó levantándose de su silla, cogiendo su bolsa y uniéndose al grupo. Se quitó las chanclas al llegar a la arena y se lanzó al  agua del mar para refrescar su piel. Nadó y buceó como una sirena; recogió conchas del fondo, acompañó a los peces en su paseo, se tumbó en la orilla a tomar el sol y a escuchar las olas del mar estrellarse en la orilla. Sintió la brisa acariciando su piel morena por el sol.  ¡Qué bien se sentía! Y todo parecía tan real.

Y, ya sin tristeza,  Miranda abrió los ojos. Había descubierto  una poderosa arma para combatir los malos momentos; su imaginación.

Holiday




domingo, 12 de agosto de 2012

33. (concurso) EL SUICIDA



Imagina que eres un importante empresario. Imagina que tienes una esposa perfecta, dos hijas preciosas y un perro con pedigrí. Imagina que vives en una amplia casa unifamiliar, con piscina, en una zona residencial con seguridad. Imagínalo. Imagina que lo tienes todo. Y ahora imagina que tu fabuloso imperio se derrumba por una vida de puterío y lujo. ¿Puedes imaginarlo?. Bien, ahora imagina la cara de tu mujer y los comentarios de tus amigos y familia si se enteraran. ¿Lo imaginas?



Manuel imaginó la vergüenza, el deterioro, la miseria y pensó que quería morir antes de vivir con aquella devastadora situación. Pero un suicidio no pagaría el seguro y eso, eso le llevó a mí.



Yo soy uno de esos hijos de puta que anda tirado por las calles, el que violaron en el reformatorio. Soy el politoxicómano de constantes ingresos en urgencias. Yo soy ese. Y con todo, nunca pensé en quitarme la vida.



Aquel burguesito  estaba tan acostumbrado a que su dinero arrodillara a sus semejantes, que ni siquiera se amedrentaba en un barrio del que huían hasta las ratas. ¡Qué cabrón!



Subo al coche y me dirijo a la urbanización. Las luces de la vivienda dicen que sus ocupantes están despiertos. Me siento junto a la puerta y espero lo inevitable, los ladridos harán que el dueño abra la puerta para reprender al can. Del empujón inicial mi viejo amigo el empresario cae de espaldas en su recibidor, mi pistola le apunta en silencio. Su mueca de sorpresa se truca en un mohín de reproche; su familia está en casa, ese no era el trato. Su inmaculada mujer se sobresalta, sus hijas se sobresaltan. Todos se sobresaltan menos yo, y es una pena, me gustaría sentirme humano.



Diles por qué invocaste a un demonio como yo. ¡Díselo o las mato!. Y el horror que modela el rictus del caído. Un segundo de duda. Dos. Tres. Y mi pistola que apunta al tembloroso trío femenino. Y Manuel comienza a balbucear, a llorar, a desarmarse, toda aquella fachada de seguridad se derrumba y su entrecortada voz empieza a desgranar una historia de vergüenza y vicio.

Me siento en el brazo del sofá y vomito mi verdad. Llevo toda mi puta vida no siendo otra cosa que un hombre salvaje, libre y vagabundo, que no es otra cosa que un marginal desecho delincuencial. Sin opción a otro tipo de vida. Hasta que un día, un ciudadano inmaculado, un ser sin mala conciencia, me dice que su mala suerte lo llevo a la ruina y que no pudiendo soportarlo decide comprarme para calmar su dolor. Señalándole con la pistola grito. “¿Qué se siente siendo una bestia?. ¿Dime?. Se siente mala conciencia, ¿verdad?. No hay dinero que compre la calma, ni el descanso. Sin embargo, hay una manera de eliminar la mala conciencia, ¿quieres que te la muestre?.

Aprieto el cañón contra mi sien y hasta me parece escuchar el chasquido del percusor...

EL BURGUESITO






jueves, 9 de agosto de 2012

32. (concurso) HOY VUELVE A MI


Hoy vuelve a mí ese verano no añorado. Creí haberlo olvidado en el olvido del recuerdo pero no fue así. En cuanto descubrió un resquicio en los muros de piedra de mi corazón, surgió como una bestia inmunda y se alimentó del dolor y la muerte que recorría mi sangre podrida.

Hoy vuelve a mí ese verano cruel, lastimero, donde los buitres carroñeros se comieron los restos de tus vísceras arrojadas a escondidas en la noche oscura de un sábado de agosto.

Pensé que al no nombrarte, ya nunca aparecerías ni en sueños. Pero esta noche he descubierto que tu alma impura continua vagando sin rumbo fijo, como hacías en vida, buscando nuevas víctimas a quien devorar.

Hoy vuelve a mí ese terror inhumano que hace temblar mis piernas y que consigue que me esconda debajo de la cama, aguardando la llegada de tu sombra. Es inútil esconderme, sé que esta vez vas a volver para vengarte.

El elfo que habita en la maceta de casa Pepita


miércoles, 8 de agosto de 2012

31. (concurso) CUADERNOS EN EL CAJON


Lo cierto es que los días de verano pasan a un ritmo vertiginoso, pero bueno, de eso, todo el mundo se ha dado cuenta alguna vez.
También es igualmente cierto que a cada verano que asoma a la vuelta de la esquina todo el mundo se propone ciertas metas a cumplir con tal de hacer ese verano inolvidable, extraordinario…, en fin, diferente a los otros años.

Sin embargo, esos cuadernos plenos de ilusiones y objetivos, de metas que parecen a simple vista inalcanzables, se quedan olvidados en un cajón, que tan solo vuelve a abrirse, para no desanimar a nuestra alma cavilante, la primavera siguiente con el objetivo de aportar nuevos sueños que cumplir.


Todos lo hemos hecho alguna vez, y quien diga que no miente como un bellaco. Todos hemos ido, sino las ultimas semanas de primavera, los primeros días de verano, a comprar a la tienda de la esquina un cuaderno con pocas luces para plasmar nuestras ilusiones y desahogar nuestras ansias de volar. Todos, absolutamente todos, hemos brillado por un instante rasgando algunas hojas con la punta del lápiz bien afilada, para dejar huella en cada letra, y marcar bien cada idea que brota y revolotea a nuestro alrededor.
Pero, por desgracia, a cada año que pasa somos más conscientes de que el verano no es nada especial. El verano, al igual que cualquier otra estación del año termina por pasar, y nos deja hambrientos de deseo, hambrientos de objetivos que cumplir, simplemente hambrientos y con ganas de vivir un poco más…

Aún así, he de admitir que el verano es mi estación favorita. Pese a los sueños incumplidos, pese a los cuadernos que pasan frío abandonados en un cajón cerrado bajo llave, pese a los días que se esfuman como espuma entre los dedos… Pese a todo, adoro el verano.

Ya sea por los sueños que florecen, que animan la vida con la magia que poseen, ya sea, ¡qué sé yo! por ese calor que desespera, o por esos días largos, que impiden a la noche reinar como quisiera, o por esas playas animadas que meditan en el horizonte y acunan a los acalorados que se zambullen en sus olas, ¡quién sabrá por qué lo adoro! Simplemente me encanta ¿y a quién no? Aunque maldigamos una y mil veces al calor desesperante, lo demás nos reconforta, nos da alegría. Con tan solo levantarse, aún estando plenos de sudor, con la luz con que nos acoge el día ya nos alegramos.  También nos alegran los helados ya sean de hielo o de crema y cucurucho, también el río fresco, la piscina, las actividades a realizar, las nuevas amistades…
Al fin y al cabo, hemos de admitirlo. El verano, pese a no cumplir los sueños, y pese a almacenarlos en un cajón, nos alegra la vida sin saberlo.


AVARIM




martes, 7 de agosto de 2012

30.- (concurso) UN VIAJE DIFERENTE




Colgó el uniforme dentro de su taquilla y observó el reloj, en cinco minutos empezaban sus vacaciones y en tres horas salía su vuelo. Sus compañeros le habían deseado un buen viaje, algunos de ellos ya habían visitado aquel lugar de ensueño. Amaneceres espectaculares, animales sorprendentes y salvajes, parajes sin explorar, ríos secos y cascadas abundantes, hoteles de ensueño con un sinfín de actividades…

Desde luego sus compañeros de trabajo sabían venderle su propio viaje: -" Desearás no volver "-, le habían dicho, él no estaba tan seguro.

-"¿Ya te marchas"?- Le dijo un compañero que asomó su cabeza por la puerta del vestuario. Él asintió levemente y sonrió. -"Lo vas a pasar en grande, yo fui hace dos años y nos trataron fenomenal en el hotel, la comida era estupenda. Es una tierra de muchos contrastes"-. Aquello era todavía más irónico pero volvió a sonreír y cerró su taquilla.

Observó de nuevo su reloj. Las cinco en punto, hora de salir. Recogió sus herramientas de trabajo, algunas de ellas eran suyas, otras le había dado permiso el director para llevárselas, sabía que todo era necesario para su viaje de “ensueño”.

Salió y se despidió. El avión sobrevoló el continente dejando ver unas tierras secas, desiertas y bañadas por un sol agotador. Cuando aterrizó el sonido de los mosquitos le retumbó en la cabeza, había tenido que vacunarse de una gran cantidad de enfermedades que podrían afectarle en todo el mes de su estancia, pero no le importaba, el viaje merecía la pena. Cuando salió del aeropuerto una furgoneta le estaba esperando, de ella salió una mujer de pelo castaño, con evidentes síntomas de cansancio y la piel quemada por el sol.

-"Gracias por venir"-. Dijo ella, -"No todos conocen África del mismo modo y los niños a los que usted va a operar no son los atractivos turísticos que le enseñarán en los folletos de una agencia de viajes "-. Sonrió con una ternura casi maternal.

Aquella mañana le esperaban dos niñas, una de ellas había pisado una mina anti-persona y tenía la rodilla destrozada, seguramente habría que amputarle la pierna, a la otra le había quemado parte de la cara y el cuello. Desde luego aquel verano iba a ser diferente.



Saori

lunes, 6 de agosto de 2012

29. (concurso) VIDA FUGAZ



Estela camina por la acera y busca con la mirada a Fernando. Se retrasa. Llama su atención una furgoneta aparcada en lugar prohibido y ve al conductor que le sonríe de forma diabólica.

El fogonazo hace que todo lo que le rodea se paralice. El estruendo traga todo el ruido de la calle. Fernando que se encuentra al otro lado de la calzada llega a su lado. Coge con mucho cuidado la mano que Estela le ofrece, su mano en la que hasta ahora ni siquiera ha reparado que le faltan dos dedos. No deja de mirarlo. Lo único que le amarra a la realidad es ese olor a quemado y un dolor difuso difícil de ubicar. Entre el bullicio y el humo, distingue las llamaradas que devoran los coches, bultos inmóviles varados en la humareda como piedras en la niebla, voces quejosas y  maldiciones para el mal nacido por crear esa situación . Luces anaranjadas que se encienden y se apagan con un constante “io... io.. io...”, cada vez más cerca.

Fernando la mira con los ojos borrosos por las lágrimas, sin saber qué hacer, ni qué decir. Le aparta de la cara pequeños restos de cristales y piedrecillas. Acaricia su mejilla con la intención de que le sirva de consuelo.

         Como en un destello Estela ve a sus padres y su hermana llorar desconsoladamente. Cuando tienen el valor de mirarlas, mojan con sus lágrimas sus fotos; reviven aquellos momentos que se hicieron inmortales a través de la cámara. Comienzan cuando era muy pequeña, hasta llegar a la última que hizo en las navidades en que presentó a Fernando como su prometido.

Alguien se acerca hasta ella con las manos envueltas en guantes. Advierte en sus profesionales ojos, la misma mirada que tenía Fernando cuando se le acercó : el espanto que ella no percibe; sin embargo, no siente apenas dolor y nota cómo se mueven sus labios, aunque no consigue escucharlo. Fernando intenta soltarla para dejar paso a los sanitarios, pero le retiene con toda la fuerza que en ese momento puede ejercer. Con voz débil le suplica que no se le ocurra dejarla, que se quede hasta que sus pulmones ya no recojan ni una gota de aire. Su mirada se queda perdida. Y sin saber porqué, recita mentalmente:

“Tan oscura como negra es la noche en un mundo enorme como solitario, con multitud de ojos que miran a mi paso.                

Oscura es mi alma en esta tierra de nadie. Un golpe de suspiro surge de  mi  corazón.

Miradas  perdidas que  me observan,  extraños seres que invaden mi espacio estrangulando el llanto  de  la  vida con la  voz de  un  susurro perdido, que demuestra mi falsa soledad.

Mi presencia camina de  puntillas por  este mundo”.



Seudónimo: ALMA

28. (concurso) EL SUEÑO DE LOS GATOS



En un pequeño rincón del planeta vivía una gatita preciosa. Era la reina en un reino minúsculo, casi tan pequeño como Liliput. La reina en un piso de 40 metros cuadrados. Su vida transcurría plácida y dulce, cuidada y peinada. En su trono mullido, repleto de ratones de goma, dormía largas siestas aguardando a su sirvienta que la adoraba como a una diosa.

Una mañana se dio cuenta de que se había hecho vieja. Era una anciana, casi sin fuerzas. Su sirvienta la mimaba y la alimentaba pero ella ya no tenía ganas de nada. Su maullido ya no era fuerte ni con genio, era un sonido triste y melancólico, como si hubiera bajado el volumen de los altavoces de su voz.

Una noche soñó el sueño de los gatos. Allí "El que hablaba con los gatos" le contó que debía dormir el Gran Sueño, un sueño muy largo en el cual soñaría con otras vidas, con otras sirvientas, y en el que aguardaría paciente a que aquel ser humano que la hubiera amado de verdad, regresara a despertarla de su letargo infinito.

La gata perezosa dudaba si aquel sueño era real. Pensó que no quería dormir para toda la eternidad y comenzó a maullar lastimosamente. Su sirvienta, que había dedicado trece años de su vida a cuidarla y colmarla de mimos y detalles, la miraba triste. Esa humana era capaz de entender sus pensamientos.

Esa humana se merecía que ella la esperara allí en la eternidad. Su regreso la despertaría y volvería a vivir esa vida de reina que tanto había disfrutado.

Y pensó: Antes de irme a dormir, le daré un regalo. Le susurraré al oído el secreto ancestral de "El que hablaba con los gatos", le contaría el secreto en el idioma gatuno, aquel que solo entienden los que de verdad aman a los gatos.





Guinea la Negra Zumbona


domingo, 5 de agosto de 2012

27. (concurso) ELEGIDAS


Durante su larga vida laboral, Margarita había tenido muchas satisfacciones y  seguramente  algún  que  otro  disgusto.  La  llenaba  su  trabajo.  Cada mañana se preparaba para intentar instruir a sus pequeños diablillos, así la gustaba nombrarlos.


Hizo intentos para formar una familia, sin embargo, una acusada falta de interés con sus noviazgos, le fueron ocasionando rotundos fracasos.


Aunque llevaba dos años jubilada, seguía en contacto con la escuela, ofreciendo su tiempo libre como voluntaria en numerosas actividades.


Un domingo de Abril, mientras ojeaba el periódico, reparó en un anuncio, que  pedía  hogares  de  acogida  para  niños  saharianos.  No  dudó  en apuntarse.




 
Aina era una niña dulce, prudente, tímida y a la  vez muy despierta. Había nacido en una tierra con demasiadas carencias, lo que obligaba a sus habitantes a valorar y disfrutar lo poco que poseían. El respeto y la ayuda nacían con cada ser y se llevaban como una túnica que los vestía hasta el fin de sus días. Aina era observadora, desde muy pequeña había visto a los chicos mayores irse en verano y regresar con muchos regalos. En la escuela hablaban de la cantidad de cosas que tenían en los hogares del extranjero y lo cil que parecía conseguir cualquier objeto. A veces, ella intentaba imaginarlos, pero no era capaz.



Ahora ya tenía nueve años y todas las noches rezaba para que fuera ella una de las elegidas para el viaje.




 
El destino quiso que este verano Margarita y Aina se encontraran.



 

 
ROSA ROSARUM.