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jueves, 27 de diciembre de 2012

El día en que los porfavores y las gracias abandonaron el mundo




El día que los porfavores y las gracias abandonaron el mundo, la sociedad entró en pánico. El mundo fue gobernado de forma absoluta por las hostias y los joderes y la gente, poco a poco, empezó a perder la esperanza. Mientras los porfavores y las gracias buscaban un refugio en algún otro planeta, las personas no sabían cómo encontrar el equilibrio ya que todo se tornó demasiado hostil…

Un día, un hombre fue a la comisaría a denunciar un robo, y uno de los joderes que trabajaba de policía le dijo que se fuera a la mierda y que no molestara. Otro día, un niño le preguntó a su maestra, que era una hostia, si podía ir al baño y ésta le respondió que mejor se aguantara…Una mujer, que tenía problemas de visión, estaba comprando y se le ocurrió preguntarle a un joder por el precio de unos garbanzos y éste le contestó que por qué no lo buscaba ella, y así sucesivamente el mundo se empezó a volver loco. Las personas no aguantaban ese comportamiento y se volvieron cada vez más agresivas. Aumentó el desempleo, la delincuencia, la contaminación, el hambre, la desigualdad….

Entonces un grupo de ideales se alzó y planteó la necesidad de un cambio. Pero los joderes y las hostias no estaban dispuestos a que los ideales influyeran en la sociedad, así que decidieron ir a por ellos y matarlos, los subieron en unos aviones y los lanzaron en medio de un océano y a muchos otros los exterminaron en campos de concentración…

Así el panorama del mundo quedó desolado. La gente tenía miedo, nadie se atrevía a decir nada. La comida era racionada por el gobierno, sólo se podía desayunar una ración de pánico y comer a mediodía una ración y media de odio. Mientras tanto los porfavores y las gracias habían encontrado un planeta donde vivir y desarrollarse y gracias a algunos adelantos científicos podían saber lo que estaba pasando en el planeta Tierra.

Los porfavores pidieron encarecidamente a las gracias que juntos hicieran algo para salvar a sus hermanos los humanos. Las gracias también se sentían muy agradecidas a las personas, así que juntos se pusieron a trabajar por el mundo. Pronto se dieron cuenta de que la única forma que tenían de vencer a los joderes y a las hostias era utilizando armas de destrucción masiva y eso era muy peligroso para la raza humana…Entonces a alguien se lo ocurrió hablar con las canciones, tal vez si le ponían algo de melodía al mundo se podría amansar a las fieras.

Así todos juntos los porfavores, las gracias, las personas y las canciones decidieron crear una música que adormeciera a los joderes y a las hostias, y así poder asaltar el poder. La tarea no fue fácil pero gracias a los medios que habían desarrollado los porfavores y las gracias en su nuevo planeta pudieron comunicarse los unos con los otros y crearon esa sinfonía que puso a todos a bailar. Hasta los joderes y las hostias se sintieron tan poseídos por el ritmo y melodía que se olvidaron de quiénes eran, y el mundo volvió a ser ese planeta con tantas ganas de ser un poco mejor cada día.

martes, 26 de abril de 2011

Manuel Solis, Un millón de besos

Y por fin nos besamos. Llevaba una semana ensayando en el espejo. Crearía unos segundos de silencio, te miraría fijamente a los ojos y te daría el aviso. La “mueca triunfadora”, la “sonrisa victoriosa”, ese “lo tengo todo bajo control”, vos me devolverías una mirada de “lo estaba esperando” , o de “me adivinaste el pensamiento” y juntos comenzaríamos ese viaje en el interior de nuestras bocas, un viaje lleno de piruetas y bañado en saliva, un viaje en el que el tiempo se pararía y no encontraríamos ningún otro sentido a nuestra existencia: habríamos nacido para ese beso.

Pero lo cierto, es que mi decepción fue muy grande. No hizo falta ser ningún Casanova para darse cuenta a los pocos segundos de que no tenías ni idea de besar. No abrías casi la boca y mordías mis labios, convirtiendo este acto tan amoroso en una dolorosa penitencia. No obstante , en seguida noté una sensación positiva. Mientras te besaba conseguí recordar en un mismo instante todos los besos que había dado y recibido en mi vida, una especie de biografía amorosa instantánea al más puro estilo Borgiano, algo así como el Aleph de los besos.

Mientras intentaba educarte intentando convertir aquella pelea en algo satisfactorio, seguía viéndolas a ellas: la bailarina brasileña con la que pude entender el significado de un cruce de lenguas, aquella compañera de instituto con la que di mis primeros besos con sabor a whisky, el apasionado encuentro en los probadores de unos grandes almacenes en Washington D.C con una estudiante japonesa, hasta aquella modelo de Barcelona que me besó pensando que yo era otra persona , y muchas otras más experiencias.

En principio no pensé volver a verte más. Pero después sentí que necesitaba besarte todos los días. Mientras lo hacía, me sentía como si estuviera con todas a la vez y eso me fascinaba.

Estuvimos tres meses saliendo, tres meses viviendo aquella experiencia única. El sexo no me importaba porque aquella sensación era muy superior, no quería dejar de besarte, estaba obsesionado. Pero un día fui a buscarte y nunca más te encontré. Te llamé mil veces por teléfono y nunca respondiste a mis llamadas.

Dicen que cuando alguien desea demasiado a otra persona, termina siendo rechazado.
Lo cierto era que yo nunca te había deseado a vos, sino a lo que representabas, y ahora cuando beso a otras mujeres y mi imaginación me hace recordarte, me pregunto justo eso: si solo fuiste producto de mi imaginación.

domingo, 27 de marzo de 2011

Manuel Solís, UN AMOR IMPOSIBLE

Ayer tuve una cita con Rufina Cambaceres. Una muchacha muy joven, guapa y de buena familia. La primera y única vez que la vi estaba sentada en una café con un vestido blanco que dibujaba una alegre silueta. Mientras vaciaba tres azucarillos y los removía al ritmo de un tango que sonaba en el hilo musical, su sonrisa cautivaba a todos los presentes. Era morena, tenía ojos verdes y no pasaba desapercibida para nadie. Me acerqué a ella y le hice una pregunta tan banal que pensé que ni siquiera se giraría a contestarme. Por suerte para mí me dirigió una sonrisa.
-¿Sos español?
-Sí, valenciano….
-Mi abuelo también, él era gallego (gashego). Siempre quise ir allá y conocer.
-Ah mira, deberías…Yo siempre quise venir acá y conocer a una chica tan hermosa como tú.
-Oh, vos ya parecés argentino, sos todo un chamullero.
-No la diferencia está en que un argentino le diría eso a cualquiera, pero para mí cualquiera es la antítesis de ti misma.
Ella se sonrojó al escuchar el comentario, y yo seguí lanzándole cada uno de los trastos que llevaba conmigo. El flirtreo prosiguió durante algunos minutos, aunque su manera de gesticular y moverse me hizo pensar que no era una mujer nada fácil de llevarse a la cama. Algo raro había en ella, como si fuera de otra época. Me levanté para ir al baño y cuando volví Rufina había desaparecido. En ese momento me sentí un auténtico pagafantas, miré hacia todos lados sonrojado y agaché la cabeza pensando que todo el mundo en la cafetería se estaría riendo de mí. El camarero se acercó y me dijo:
- La señorita que estaba con vos tuvo que marchar, pero le dejó esta nota.
La nota decía lo siguiente: El sábado a las 18.30 te espero en Calle Junín 1790. Estaré en la puerta. Besos
Los días pasaron lentos hasta el sábado. Mi cabeza no podía concentrarse más que en sucios e impuros pensamientos sobre Rufina Cambaceres. Las noches se hicieron largas y obsesivas, hasta que por fin llegó el día. Me puse mis mejores galas y salí en busca de la victoria.
Cuando llegué al número que me había dicho me quedé estupefacto. Estaba en el cementerio de Recoleta. Desde luego, nunca había tenido una cita en un lugar tan original. Rufina no iba a dejar de sorprenderme. Pasaron los minutos, y pregunté la hora varias veces, no tengo reloj y no llevaba el móvil encima. Rufina no aparecía, así que como no había visto el cementerio decidí entrar y hacer unas cuantas fotos, mientras hacía un poco de tiempo. En mi vida había visto un un lugar ideado para la muerte donde la ostentación estuviera tan viva. En el cementerio de Recoleta la alta sociedad Bonaerense homenajea a sus muertos con impresionantes mausoleos y soberbios monumentos de piedra. Mientras caminaba impresionado por sus construcciones y estatuas, mi corazón casi se para al descubrir una terrible sorpresa en forma de lápida que decía lo siguiente:


Aquí yace RUFINA CAMBACERES, 1884-1903.


Me quedé mirando la lápida unos instantes y empecé a escuchar golpes extraños, como si alguien estuviera dentro y quisiera salir de la tumba. Era ella. Vi como una mano se asomaba y me indicaba con un gesto que me acercará hacia allí. Decidí salir corriendo y no mirar atrás. Rufina Cambaceres era otro amor imposible.



Al día siguiente navegando por la red encontré la historia de Rufina Cambaceres, hija del escritor Eugenio Cambaceres y su esposa Luisa.