Mostrando entradas con la etiqueta Luis González. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luis González. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de diciembre de 2014

Labios


Los imaginé mullidos, acogedores como brazos de madre; esos que protegen, esos que detienen al mundo, esos que apagan la luz y te acunan suavemente hasta quedarte dormido…

Los imaginé cálidos, tibios como las sábanas que esperan recibir al cuerpo cansado y dolorido. Esos que te cubren despacio, muy despacio, haciendo de cada movimiento una caricia…

Los imaginé húmedos, lejos de esa humedad incómoda y fría, sino más cerca de la erótica humedad que me invita a conocerla y que me enloquece y tortura por las noches obligándome a pensar en ella sin darme descanso…

Los imaginé divertidos, viéndome sobre ellos saltando a escondidas, lejos de mis padres y volviendo a ser un niño, sumergiéndome  en sus espacios, descubriendo sus sabores…

Pienso y trago saliva, como el sediento en medio del desierto después de haber caminado kilómetros en busca de un oasis al que sabe cerca pero la necesidad misma lo aleja mentalmente sumergiéndolo en un dolor auto infligido…

Se seca la garganta, se acumulan los pensamientos que se tornan rojos como el fuego del infierno al que deseo ser invitado y condenado de por vida…

Deseo de ser absorbido, devorado y triturado como si fuera la fuerza de una boa alrededor de mi cuerpo que no me da respiro, que me asfixia, llevándome al límite de mi muerte para devolverme a la vida un segundo antes de fallecer…

Llévate mi lengua, mi cuerpo, mi alma y mi espíritu, traga mis palabras mudas traducidas en jugo de mí mismo que gritan “¡quiero más…!”y que imploran que me raptes…

Pétalos de rosas suavemente perfumados que acaricio en el aire aún sin verlos y que cuido como un tesoro sin que lo sepas, creyéndome dueño absoluto aún sin serlo…

Droga anhelada, lugar sagrado, paisaje inspirador de estas palabras. Palabras que de a miles no te describen, resultando disonantes y amontonadas…


Fuente del elixir donde quiero vivir eternamente…

LUIS GONZALEZ

domingo, 19 de octubre de 2014

VACÍO


Papá siempre fue cariñoso con nosotros. Esperarlo llegar del trabajo siempre sonriente y con una golosina para cada uno de los cinco hacía que las siete de la tarde fuera el horario más deseado del día…
Recuerdo el momento como si fuera una foto. Mamá en la cocina cantando canzonettas italianas aprendidas de mi abuela, el olor a comida cocinándose flotando en el aire y mis cuatro hermanos y yo, mirando atentamente hacia la puerta, esperando la entrada de aquel hombre jovial y fornido con tesoros dulces en las manos destinados a cada uno de nosotros.
Mientras permanecíamos sentados mirando de reojo el reloj cucú colgado en la pared, las 19 hs se transformó en 19:30 y la misma en 20… Siendo el más grande de los hermanos miré a mamá preocupado por el horario, sin que dijera una palabra; mamá, sonriente trató de tranquilizarme diciendo -¡Ya va a venir, no se preocupen…!
Una hora después la puerta se abrió. Aquel gran hombre sonriente entró serio, nos miró a todos y dirigiéndose directamente a mi madre dijo – ¡Me convocaron, voy a la guerra…!
Hace un año que mamá cree haber logrado mantenernos lejos de las noticias…
Después de salir de la escuela corremos a la plaza en busca de un periódico ya leído y abandonado por algún transeúnte. Estamos informados y sabemos que hoy se publicarán la lista de los caídos en el frente hasta el día de la fecha.
Encontramos un periódico del día, apresurados nos acomodamos para leer el listado; y allí estaba…
Nunca olvidaré leer el nombre de mi padre y recordar como ese nombre se fue nublando de la hoja producto de mis lágrimas, y sabiendo  que ya nunca más la puerta se volvería a abrir ni volveríamos a ver a ese gran hombre sonriente con caramelos en las manos, porque unos malditos hijos de puta habían puesto en esa lista a mi papá…


LUIS GONZALEZ

martes, 14 de octubre de 2014

Secreto



Él trabajaba en un bar llamado “El Conde”; desde que lo vi quedé fascinada. Miraba sus dedos rozar las llaves de aquel saxo gastado, su boca apoyada en la boquilla y esa suave música entregada al aire lograba cerrar mis ojos y verme automáticamente desnuda junto a él, entregada, acariciada y devorada mientras flotaba entre notas musicales…
Los viernes a las dos de la madrugada era la primera en acercar mi silla al frente del pequeño escenario donde cinco minutos antes actuaba un ventrílocuo que presentaba un show donde dialogando con su muñeco se dedicaba a contar chistes pasados de tono y a esputar palabras ofensivas a los parroquianos que por entonces estaban tan embriagados que solo atinaban a reír con la boca muy abierta sin saber a ciencia cierta el porqué de sus carcajadas…
Mis movimientos ya eran una ceremonia conocida por todos. Acercar la silla, acomodar mi pelo, cruzar las piernas y disfrutar de mi trago, ansiosa por la salida de aquel viejo músico de jazz de la que estaba secretamente enamorada.
El ritual siempre era el mismo. Sin presentación alguna el desvencijado telón negro se abría, y entre el humo del cigarrillo una luz se encendía en el centro del escenario para iluminar al viejo que con toda parsimonia abría su maleta, extraía el viejo saxo, se sentaba y sin decir una palabra lograba callar el bullicio de los borrachos y las putas, transformando ese tugurio en un lugar único y mágico…
Mientras los silencios y las notas se mezclaban en el aire haciendo el amor conmigo sin que nadie lo supiera, acercaba el vaso a mis labios, lo miraba para inmediatamente llevarme su imagen a mis sueños, donde llegaba al orgasmo casi inmediato. Él lo sabía…
En mi momento cumbre me embestía con una nota aguda que lograba que mi alma rozara los dedos de Dios, para dejar mi cuerpo húmedo como prueba de haber llegado al Olimpo, a la cumbre de las cumbres…
Cuarenta minutos después de haberme hecho el amor como nadie en esta tierra, él se ponía de pie, regresaba el saxo a su estuche, lo cerraba y dándome la espalda se retiraba llevándose el instrumento consigo y parte de mi alma para yo jurarle eterna fidelidad de viernes después de las dos de la madrugada…