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sábado, 14 de septiembre de 2013

EJERCICIO DE ESCRITURA CREATIVA


Día diez del noveno mes del año 2011.

                Ayer me senté para realizar el primer ejercicio de escritura del manual “Taller de escritura creativa”. ¡Mi carrera como escritor iba a empezar ese día por fin! Busqué una superficie “sensual” como aconsejaban las primeras páginas de ese curso. Opté por una pluma y folios de papel reciclado, no por ecologismo si no porque su tono gris me pareció más cálido que el blanco satinado. Sentado frente a la hoja comencé por el título “Ejercicios de escritura creativa”. Lo subrayé y puse dos puntos. Como veis trato de ser metódico y ordenado.  Justo debajo daté el ejercicio de la forma más elegante y literaria que buenamente se me ocurrió. La primera propuesta era escribir cualquier cosa que imaginara. Sin embargo, mi cabeza se convirtió en un saco de cemento armado donde ninguna neurona pareció dar señales de vida. Y así fue como pasé los restantes cinco minutos: subrayando con esmero el subrayado y apilando con precisión milimétrica las hojas. Hasta que me levanté de la silla desanimado.

Hoy me siento más inspirado y dispuesto a escribir mi primera obra maestra. En la mesa se encuentran los folios reciclados, tal cual los dejé, pero detecto un problema. El trabajo de ayer se consumó con un encabezamiento, subrayado y, debajo, una fecha. Si bien eso me ahorró trabajo para hoy, también me ha originado un conflicto nada despreciable. Hoy es día once de septiembre, no día diez. Lo que pueda escribir debajo de esa fecha, se habrá escrito el día once cuando el encabezamiento marca el día diez y en el manual dejaban muy claro que teníamos que encabezar nuestros escritos con una fecha, para ver la evolución. Entonces lo escrito hoy parecería que lo fue ayer, y no es cierto. Me resultaría muy fácil, ciertamente, ocultar esta verdad al mundo. La simple omisión resolvería el problema pero sería mentira. Además, ¿qué fecha pondré mañana? En buena lógica tendría que escribir día once para que no se vea que incumplí mi promesa de comenzar el día diez. A nadie le importaría pero, a falta de alguna otra, tengo por virtud ser sincero, por lo menos, conmigo mismo. Además, eso sería una mentira aún más grave, puesto que tendría alevosía y premeditación. Y quién sabe qué podría pasar si mientras el mundo va por una fecha yo voy por otra ¡Podría llegar a creer que vivo en la fecha de mis escritos y pensar que veo el futuro! Calma, no puedo permitirme enloquecer el primer día que comienzo a escribir. Podría dejarlo —otras cosas nos ofrece el mundo— pero tendría remordimientos por el dinero gastado en el curso de escritura. También podría datar el folio de mañana con el día doce y mandar al olvido el día once de septiembre. ¿Pero cómo?, ¡Precisamente el día en el que escribo mis primeras líneas!

 Por supuesto, podría tachar el número diez y poner un once pero entonces ocurrirían dos cosas: 1. Sería estéticamente feo y 2. ¿Cómo diablos se entendería entonces lo que acabo de redactar?

En verdad que en la vida de un escritor aparecen obstáculos difíciles de explicar.