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jueves, 27 de septiembre de 2012

Ni tú, ni yo.


¡Has venido! Pensé que no lo harías. Te lo agradezco. Es absurdo preguntar si recibiste mi mensaje, porque, está claro que si estás ahora mismo aquí, es que lo has recibido. ¿Por qué llevas ese ramo de flores? Es igual, es un detalle muy hermoso dadas las circunstancias. Lo vamos a hacer. Ya no nos queda corazón para impedirlo, ni saliva para hablarlo, ni razones que lo eviten. La situación es crítica, pero eso, tú ya lo sabes. En este breve periodo de vida en el que nos ha tocado vivir, las constantes que nos mueven son la falta de interés y el desacuerdo. Son cosas contradictorias, lo se, pero así es nuestra generación. Nos llaman “Ninis” y ellos, ¿quiénes son para ponernos ese seudónimo?  Dicen que ni estudiamos, ni trabajamos, ni lo aceptamos, ni hacemos nada para evitarlo, para cambiarlo. Pero tú y yo, hoy vamos a hacer algo. No pudimos elegir el momento de nuestro nacimiento, nos lo impusieron y ya ves lo bien que nos ha ido, pero, lo que sí podemos hacer, es elegir el momento de nuestra muerte. Seremos los primeros “ninis” suicidas y espero que con nuestra acción y el sms, que se enviará hoy a las 0:00 a todas las redes sociales, se desate un suicidio en cadena, que castigue a las conciencias de esta sociedad podrida.
Rebeca, el próximo tren es nuestro tren, iremos de su mano a un mundo diferente, que por fuerza, no será peor que éste mundo.

Rompiendo la oscuridad del túnel, aparecen las luces del tren que va a llegar a la estación de Esperanza. Los dos únicos pasajeros que esperan en el andén, se levantan y avanzan hacia el borde del mismo. Cuando el tren pasa, sólo salta él.
Rebeca se asoma a las vías y arroja el ramo de flores. Caminando hacia la salida, saca su iphone 5 y vuelve a leer el mensaje que tenía guardado en la memoria del teléfono. Con un movimiento de su dedo pulgar, lo borra para siempre.

Los medios de comunicación, no suelen hacer eco de este tipo de muertes, suceden a diario y jamás se publicitan. Supongo, que para que el ejemplo no cunda.

jueves, 20 de septiembre de 2012

DESMONTANDO A CAPERUCITA


No se si se habrán fijado, pero en el cuento de Caperucita Roja, que Perrault copió de la tradición oral más antigua y más tarde los hermanos Grimm versionaron, dándole ese toque de misterio, hay una serie de incongruencias, que no deberían escuchar los niños y niñas a los que va dirigido.
En primer lugar, el cuento nos dice que una pobre abuelita, una anciana, vive sola en el bosque, empezamos mal y que la mamá de Caperucita (que debe ser su primogénita), envía a su hija pequeña, dándole unas pobres directrices, para que lleve comida a la abuela a través de unos parajes solitarios y cuanto menos, inquietantes. La cosa empeora.
En segundo lugar, Caperucita, acepta el recado suicida de su madre sin cuestionarlo, bueno. Y se supone que debe conocer el camino a la casa de su abuela. Este dato es importante como veremos más adelante.
En tercer lugar, Caperucita, haciendo caso omiso de lo que mamá le ha dicho, se entretiene cogiendo flores por el bosque. No voy a pararme a pensar qué flores recoge una niña tan pequeña, los peligros inherentes a una vocación botánica temprana, no son mi terreno. Genial.
En cuarto lugar, Caperucita se encuentra con el villano del cuento, un lobo, que además de hablar, tiene la astucia suficiente para sonsacar a la niña a dónde va tan solita, idear un plan para engañarla y llevarlo a cabo mostrándola el camino más largo para llegar a la casa de su abuelita. Aquí, es dónde encaja mi suposición de que la niña ya debería conocer ese camino, puesto que en el cuento, por todos es sabido que la madre no dibuja mapa alguno y por lo tanto, caperucita, no debería dejarse engañar tan fácilmente. Vamos bien.
En quinto lugar, ¿por qué el lobo  no muestra a Caperucita el camino más corto?, es un cánido cuadrúpedo y carnívoro que en su búsqueda de alimento puede llegar a alcanzar los 60 km por hora y una niña de, pongamos 5 años, en una hora recorrerá como mucho 3 km. Sumo y sigo.
En sexto lugar, el lobo parlanchín, llega antes a la casa de la abuelita, imita la voz de la nieta, engaña a la anciana y la ingiere de un solo bocado con camisón y todo. Haré como que me lo creo.
En séptimo lugar, llega Caperucita por el camino largo, sin perderse y sin que caduquen los alimentos que lleva en la cestita. El lobo, que recordemos, se había comido a la abuelita de un bocado; tiene tiempo para regurgitar el camisón de la difunta, vestirse, meterse en la cama y haciendo gala de nuevo de sus dotes ventrílocuas, imitando la voz de la abuela con una perfección más propia de un licántropo, invitar a la niña para que pase. Vale. Caperucita, que debe ser idiota, muerde el anzuelo y ahora, es cuando sucede algo que debería acabar con los huesos de los hermanos Grimm en la cárcel: pide a la niña que se meta con él en la cama para darle calor. Señores, como mínimo, aquí veo dos delitos tipificados en el código penal, uno, de invitación a la zoofilia y el otro, de intento de abuso de un menor. Teniendo en cuenta que este lobo tendrá al menos 4 o 5 años y que al igual que los cánidos, para pasarlos a una edad humana, cada año debe multiplicarse por 7, el pájaro, tiene 35 añazos, vamos, que ya es mayor de edad. En fin.
En octavo lugar, todos sabemos cómo termina el cuento, con una serie de preguntas por parte de la malhadada caperucita y respuestas del lobo con incontinencia verbal. Un diálogo, por otro lado, en mi opinión, congruente. Son preguntas que, perfectamente, podría plantear una niña de 5 años. Las respuestas, llevan al inevitable desenlace en el que el canis lupus, también se come a Caperucita.
Y colorín colorado… diez años de terapia para los niños que lo escuchen y sufran por ello de terrores nocturnos.
Vamos a ver, si lo que se quería demostrar con éste cuento, era el contraste entre la seguridad del poblado, terreno conocido y el peligro del bosque, o sea, de lo desconocido, en mi modesta opinión, hay maneras más afortunadas de hacerlo.

Para todos los padres cuyos hijos se hayan visto afectados en el normal transcurrir de su infancia por culpa de este cuento, aquí les dejo mi teléfono 902191047 (La Fontaine y Asociados), no duden en llamarme, este juicio lo tenemos ganado.

martes, 11 de septiembre de 2012

Behind the door.


Jueves 23:30  Conocí a Pam en el “Behind the door”.  La sala estaba llena. Sudor en vez de humo, Salsa en vez de Rock, minifaldas. Preparo mi mejor frase, esbozo mi mejor sonrisa y voy hacia ella con un mojito en cada mano. No puedo fallar.

Viernes 03:00  ¿Subes a tomar la última? Charla explícita, sexo etílico, sábanas limpias.

Viernes 09:30 Me despierto. No hay nadie en la casa de Pam. El te aún se conserva caliente en la tetera cubierta por una gallina hecha de punto. Una nota en la nevera: “Me he ido a trabajar, coge lo que quieras del frigorífico. He dejado las llaves puestas en la puerta, cuando salgas, cierra con dos vueltas y mételas en el buzón. No te preocupes, llevo las llaves del buzón y del portal en mi bolso. Apúntame tu móvil, ya te llamaré, guapo. XXX”

Viernes 18:00 Pam, entra en el portal, abre el buzón, las llaves de casa están dentro, sonríe. Sube. Abre la puerta del piso, entra en su casa. El piso está completamente vacío. No hay televisor, no hay sillones, la ropa de los armarios está tirada por el suelo. Los cuadros han desaparecido, las joyas y el estéreo, también. Entra en la cocina. No hay nevera, la gallina de punto no está, sobre la tetera hay una nota: “Gracias por tu hospitalidad, Pam. Cogí lo que quise del frigorífico y del resto de la casa. Ayer me lo pasé genial. Espero haber estado a la altura, guapa. XXX”.

Pam, hace memoria. No recuerda su nombre, quizá ni se lo dijo, no recuerda su cara, tan sólo recuerda su olor, pero no cree que eso sirva de mucho. Al menos tiene su caligrafía. Vuelve a leer la nota. El muy cabrón la ha escrito en letras mayúsculas.

jueves, 6 de septiembre de 2012

La bella que mira.


Primero la moldeé en arcilla, una vez que el resultado fue el que esperaba, comencé a tallarla en mármol. Lo hice, porque quería consolar a los corazones solitarios, quería darles esperanzas, infundirles valor. La “bella que mira”, nació de mis manos para prestar un incondicional servicio a los inútiles en las artes amatorias, una mujer bella e inofensiva, que escuche lo que los absurdos tengan que decir y les mire enamorada, como si para ella, no hubiera nadie más interesante en este mundo demente.
Todo salió mal, la talla no, la talla salió perfecta, pero, hasta tenerla acabada frente a mí, no me di cuenta de lo mucho que la necesitaba. No supe ver, no quise ver, quizá por ego, quizá por locura, que yo era uno más de aquellos inútiles. Mi trabajo solitario, acortó mi capacidad oratoria hasta prácticamente extinguirla y sólo con ella, mi verbo volvió a fluir. Pasamos largas noches hablando, bueno, hablaba yo, ella se dedicaba a mirarme y a comprenderme con infinita paciencia. Dejé de hacer mi trabajo, dejé de tratar con las personas, me convertí en un amante celoso, con una feroz dependencia de mi propia e inánime creación.
Me encontraron inconsciente en el suelo. Cuando desperté, me hallaba en este lugar en el que ahora vivo, de paredes blancas y pasillos limpios llenos de gente sin alma, de locos de atar con la mirada fija en un mundo inexistente. He leído que “Bella” descansa en un museo. Yo no estoy loco, al menos, no como ellos piensan, pero, si consigo que así lo crean, tal vez un día pueda escapar y volver a su lado.

La imagen que captó el video en el interior de la sala del museo, muestra como Ángel Guimerá, huido del hospital psiquiátrico López Ibor hace dos días, toca la “Bella que mira”, talla de su creación, minutos antes de robarla y desaparecer con ella. No se conocen datos sobre su paradero, la policía está siguiendo varias líneas de investigación.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Café de civeta


Aprendí a suspirar dos segundos después de conocerla. Pasó a mi lado y observé cómo el movimiento de sus caderas, hacía que sus pies apenas tocaran el suelo. De mi interior, salió el suspiro más profundo que jamás se haya escuchado en una esquina. Se dio la vuelta, sus ojos me ignoraron con desdén y quedé irremediablemente enamorado.
Luego fue un continuo perseguirla, un encontrarnos forzando la casualidad. Yo era invisible a sus ojos, ella, el cristalino de los míos y en el fondo de mi silencio, encontré la frase para abordarla. Le dije que si estaba buscando un esclavo, ya lo había encontrado, que dejara de buscar. Le hizo gracia. Tomé forma ante sus ojos por primera vez.
El café del mercado, fue mi campo de derrota, su campo de pruebas. Probó conmigo todas sus armas de humillación y todas acertaron en pleno centro de mi ego. En aquella guerra desigual, el héroe y el desertor vestían el mismo uniforme y abanderaban una misma misión, la de conquistar a la mujer de nuestra vida a través de la sumisión más degradante. Enseguida, se supo dueña del tablero y no tardó mucho en jugar sus terroríficas bazas contra esa pobre apertura y mi pueril defensa. Cuando el mate era inevitable, dejaba morir alguna de sus piezas para alargar mi agonía y en uno de aquellos errores controlados, encontré la fisura en la que acomodar mi supervivencia. El mal genio, fue su talón de Aquiles y nimios reflejos de rebeldía por mi parte, consiguieron sacar de quicio aquella cancela celestial.
Sabía que le gustaba el café sólo y que el Jamaica Blue Mountain era su debilidad. Lo tomaba sin azúcar. En un alarde de generosidad, una tarde, en vez del ébano jamaicano, me atreví a pedir una taza de Kopi Luwak*, considerado el mejor café del mundo. Lo saboreó con deleite, con temple, aguantando un pequeño sorbo de aquél néctar en la boca, hasta arrancar el último matiz de su sabor y de su aroma. Yo soy incapaz de distinguir un Saimaza de un Illy, incluso si tomo un Nescafé, también me valdría, pero ella no, ella era capaz de distinguir entre los diamantes del café, cuál tendría una esquirla en su talla. Algo en su gesto, me dejó claro que había notado el cambio, un tic infinitesimal, una fugaz sombra. Se enfadó tanto, que la cafetería quedó desierta presagiando la hecatombe, yo enmudecí ante los efectos de su enfado y tomé nota.
Tras aquél primer plante y sus consecuencias, vinieron muchos más. Una tarde de luna llena, me atreví a elegir una película costumbrista japonesa, argumentando que era un film de terror, ella no estaba en modo pensamiento y se enfadó. Gocé con cada segundo de su ira. En otra ocasión, me apoderé del mando de la tele un medio día de septiembre en el que se emitía un maratón de Sexo en Nueva York. Aguantó estoicamente las primeras tres horas de la etapa reina de la Vuelta ciclista a España, se levantó del sillón, volvió a no mirarme y cerró tras de si la puerta de mi casa con un portazo tal, que hizo caer al suelo el cuadro de Banksy colgado en la pared. La expresión de su rostro me hizo tocar el cielo con la punta de los dedos. 
Volvía a reagrupar mis huestes, la guerra no estaba del todo perdida.
Tardó en llamarme dos semanas y lo hizo para citarme a un duelo en nuestro café de siempre. Llegué diez minutos antes de la hora prevista para estudiar la orografía del terreno y poder colocar así en una posición aventajada a mis ejércitos. Apareció acompañada de todas las miradas del bistrot, con un traje de chaqueta femenino de corte severo y minifalda tatuada sobre sus curvas. Me ordenó que pidiera su café, lo hice. Repetí mi afrenta del Kopi Luwak. Al primer sorbo, lo descubrió, me preguntó su nombre y a penas salió éste de mis labios, dejó caer al suelo la taza, el plato y la cucharilla, escupió sobre mi cara el contenido sin tragar que quedaba dentro de su boca, cruzó mi cara con el dorso de su mano, me miró por ultima vez y se marchó de mi vida ofreciéndome su espalda.
No me hizo falta saber por qué se había enfadado tanto, supongo que de alguna forma, conocía como se elabora aquél café.
Creedme, valió la pena. Reconozco, que desde la primera vez, quedé enganchado a la expresión que adoptaba su rostro al enfadarse. ¡Dios, estaba tan bella!

* El Kopi Luwak o café de civeta es el café obtenido de granos cultivados en Java y Sumatra que, tras ser digeridos por la civeta, pasan por su tracto intestinal y son expulsados entre sus heces. Estos animales se atiborran de frutos maduros de café y expulsan el grano parcialmente digerido.

viernes, 17 de agosto de 2012

La chanson del tuareg.


Aquél verano, decidimos recorrer gran parte de Marruecos a nuestro aire, a nuestro ritmo, evitando en lo posible los circuitos turísticos y el Marruecos que las agencias nos quieren vender. Buscábamos lo auténtico, las mil y una noches, el azul y el verde. La libertad del viajero contra el antifaz del turista.
De Bilbao a Málaga en avión, autobús hasta Tarifa, Ferry hasta Tánger y 14 horas de tren hasta Marrakech. Dos días perdidos por su zoco para recuperar fuerzas, respirando el curtido de las pieles con excremento de paloma, durmiendo en la terraza del Babá Hotel, comiendo tajin y cous-cous donde comen ellos, bebiendo zumo de naranja por una miseria y saboreando bnaná (té con hierbabuena) al caer la noche sobre la plaza de Djemaa el Fna, la plaza de los muertos.

De nuevo en marcha, autobús de línea que atraviesa sin cuidado los Atlas por la noche, con el estómago hecho tabaco, pero la ilusión intacta. Llegamos a Ouarzazate a las 2 de la madrugada, nos quedamos en el Hotel Alí, hasta que la gastroenteritis de Jenny, dio paso a una ligera molestia de estómago. El batido de aguacate y plátano preparado por Fátima, fue como ella dijo, un verdadero milagro.
En una pequeña tienda de artesanía del centro, conocí a Abdul. Le conté nuestra intención de llegar a Erg Chigaga en el desierto del Sahara y subir la duna más alta de Marruecos. Me dijo, que su primo Nordine, Tuareg como él, organizaba de forma ilegal ese tipo de viajes y casualmente, saldrían hacia allí a la mañana siguiente con tres turistas holandesas. Tras negociar el precio bebiendo té y tocando el djembé durante un par de horas, llegamos a un acuerdo. El precio de salida, fue de 1500 dirhams por persona y al final se nos quedó en 750 para los dos, una ganga, si pensamos que incluía: transporte en Land Rover (800km a través del desierto) y camellos, una noche de alojamiento en una jaima o al raso, según la climatología de aquel día, comida, bebida, guías y folklore. Cuando le pregunté por el seguro de ese viaje, me respondió que nuestro seguro lo cubriría. Claro, suponiendo que lo hubiésemos contratado en España. Nos dimos la mano y quedamos para la mañana siguiente.
El viaje en jeep, fue peor que el Éxodo: 12 horas en una tartana de 6 plazas ocupada por 8 adultos, tres delante, cuatro detrás y Hafed en el techo, tumbado encima del equipaje. El aire acondicionado no venía de serie, abrir las ventanillas no fue una buena idea, el polvo del desierto actuó como una lijadora sobre nuestras caras. El termómetro de mi reloj llegó a marcar 62º, si a eso le añadimos la cinta de Tracy Chatman, que escuchamos una y otra vez, turnándonos en su rebobinado manual con un bolígrafo bic, os podeis imaginar el viajecito. He sido incapaz de volver a escuchar “talking about the revolution” desde entonces.
Tras parar en un oasis clandestino en mitad del desierto, a instancias de Nordine, (para hacernos con 2 botellas de rioja a 8 euros cada una, sin posibilidad de regateo, sacadas de una nevera kelvinator atada con una cadena y situada en el centro de una choza de adobe, custodiada por un bereber, de cuyo cuello colgaba una AK-47), llegamos a las inmediaciones de Erg Chigaga con la noche recién estrenada.
Nordine, Hafed y Abdul, que al final vino en calidad de guía, se esmeraron en prepararnos una gran cama sobre la arena del desierto, nos dieron media botella del vino de estraperlo, un tajin humeante y las buenas noches con cierta urgencia. Mientras, ellos se disponían a subir con las tres holandesas (no me preguntéis sus nombres) a lo alto de la duna, para cenar arriba.
Nosotros, también queríamos ir, pero los tuaregs, con educación, nos cerraron la puerta de aquella aventura, argumentando que era más bonito subir al amanecer.
No me hizo falta pensar mucho para entender la jugada. Expliqué a la contrariada Jenny las intenciones donjuanescas de nuestros guías. Al fin y al cabo, nosotros éramos pareja y ellos eran tres para tres. Claudicamos. 
Se perdieron en la oscuridad del desierto, entre las risas de ellos y una ausencia de sonido expectante de ellas. No tardaron en llegar a lo más alto. Desde abajo, escuchábamos el djembé y la magnífica voz de Nordine, mientras entonaba una canción tan antigua como la noche. Se terminó la música y se hizo el silencio. Supe que aquél, era el momento elegido por los Tuaregs, para desplegar su ancestral encanto. A los cinco minutos, las tres chicas bajaban corriendo y gritando de la duna. Llegaron sofocadas hasta nuestra cama y nos preguntaron angustiadas si podían pasar la noche con nosotros allí. No hacía falta que nos contaran lo que había sucedido, era fácil de adivinar. Al final, pasé la noche en la cama con cuatro mujeres sin cantar ni una sola canción. Las estrellas me sonreían.
Con los primeros rayos de un sol que conoce cada palmo de su reino, Jenny y yo, subimos Erg Chigaga. Es difícil describir su belleza, solo diré que la magia del desierto descansa en su posición de antítesis de la vida, todo parece muerto y sin embargo, si te paras a observarlo y escucharlo, está en constante movimiento, se desplaza, pequeños seres reptan por su mar de arena con olas en forma de dunas y los tuaregs pescan en sus aguas, capitaneando un barco de miseria y resistencia.
Regresamos. La tensión se podía cortar a golpe de cimitarra. Esta vez, una tormenta de arena, nos obligó a ir a los 8 dentro del jeep, las 4 chicas detrás, Nordine y yo en el medio sobre dos pequeños asientos abatibles, Abdul conduciendo y Hafed a su lado. Las ventanillas cerradas.
Escuché como Nordine le decía a Abdul en francés, que no entendía porque las chicas los habían rechazado. Por lo visto, no era la primera vez que ocurría.
Nordine, hablaba perfectamente el castellano y aprovechó que las holandesas no lo hablaban, para incluirme en su pesar y contarme lo que había sucedido. Me contó, que todo fue bien hasta que terminó la canción y una de las holandesas le preguntó sobre qué trataba, él, dijo que sobre la vida en el desierto y poco más, luego, se terminó el vino y la comida y una de las chicas se levantó, Nordine, aprovechó el movimiento para agarrarla de la cintura, Hafed, copió a su compañero y cogió de los hombros a otra de las chicas e intentó besarla, entonces, todo se estropeó, comenzaron a gritar en holandés y se fueron corriendo duna abajo. El resto de la historia ya la conocía.
Con humildad, los tuareg son un pueblo orgulloso, me atreví a darle un consejo y le dije:
- Nordine, tienes un físico imponente, una voz extraordinaria y un exotismo difícil de ignorar, debes aprovechar esas cualidades y la próxima vez que una mujer te pregunte por el significado de una canción, debes mentir.
- No entiendo lo que quieres decir.
- Verás, la próxima vez que una mujer te lo pregunte, no debes desaprovechar la ocasión para engatusarla, no olvides que la mayoría de los turistas no hablamos vuestro idioma y si nos cuentas que la canción dice tal cosa, lo creeremos seguro. Debes contar con esa voz profunda y llena de matices que posees, una historia de este estilo: La canción es muy antigua y habla de mi pueblo, los tuaregs. Dice la letra, que el corazón de un tuareg pertenece al desierto, que el desierto es una amante celosa que demanda todo nuestro amor y por eso somos solitarios, no podemos amar a una mujer, porque el desierto no lo permitiría. Los tuaregs, somos a un mismo tiempo, amantes y esclavos del desierto, es nuestra maldición y debemos vivir con ello. Podrías adornarlo un poco, diciendo que en el estribillo de la canción, se cuenta la historia de cómo un joven y valiente tuareg llamado Safar, desafió al desierto enamorándose de una extranjera, los dos tuvieron que huir en camello a través de las dunas por la noche y nunca se volvió a saber de ellos.
Abdul, lo estaba escuchando y no me había dado cuenta de que Nordine estaba tomando apuntes, Abdul, conduciendo por una carretera llena de curvas con una sola mano, se puso a mirar hacia atrás y a gritar a Nordine que lo apuntase todo, que la historia era muy buena y que tenían que probar con ella en la próxima excursión al desierto con mujeres.

Llegamos a Ouarzazate y nos despedimos del grupo. Nordine, no sabía como agradecerme aquella información tan valiosa y me regaló su Shesh, su turbante, enseñándome cómo ponerlo. Vi como Abdul hablaba con Jenny y ella se reía mientras los dos me miraban.
De camino a Essaouira, la pregunté qué era lo que le había dicho Abdul en la despedida, me contó que le había dicho: “tu hombre tiene una imaginación peligrosa”, a lo que ella contestó, “a mi me lo vas a contar”. Por eso se reían.

Mientras espero a que aparezcan nuestras mochilas por la cinta transportadora del aeropuerto de Bilbao, pienso en nuestros amigos nómadas y deseo que hayan sabido gestionar bien la ficción de sus canciones para aliviar, de alguna forma, la soledad que les demanda el desierto.      


sábado, 23 de junio de 2012

"Bolas de verde"



Podría empezar contando, que me lo encontré en la fila de los que esperábamos para coger el vuelo de regreso a Bilbao desde Londres. Podría decir, que al llegar a Bilbao, supe que también él, cogería el bus para Pamplona. Os diría, que hablamos de fútbol, de teléfonos móviles, de costumbres diferentes, de cosas de chicos, pero, nunca sabré contar cómo la conversación, por sus propios medios, llegó hasta la historia que escuché de su boca y ahora os escribo.
Esther, bien podría ser la chica sentada sobre la cama que mira su diario de forma ausente, recién llegada de alguna parte, entonces, Diego, sería la causa de su ausencia.
Él, la adoró desde siempre y en nueve años, no quiso abandonar el refugio de su sombra. Pero la luz es caprichosa y a veces, proyecta sombras que no encajan en el cuadro. La sombra que creció y aportó el color gris al cuadro de Diego, fue la madre de Esther. Nunca lo aceptó como novio de su hija, no sabremos si por su origen ecuatoriano, sus errores de juventud o los planes que tenía trazados para su niña desde la cuna. Ella, le amaba como se ama cuando se es joven, sin tamiz, pero, una madre con voluntad, puede hacer mella en un corazón adolescente. No ayudó su embarazo involuntario, tampoco ayudó la interrupción del mismo, sin contar con la opinión de él, contando tan sólo con la voz al oído de su madre. Y se rompieron los sueños de la familia de Diego, sueños por ser abuela, tía, padrino y compañero de guardería. Se abrió el grifo de la discordia. Él, puso un mar de por medio y viajó a Inglaterra para mejorar sus opciones, para correr una cortina de lluvia y niebla sobre su vida. 
Pasaron dieciocho meses, contados así, como la edad del bebé que nunca tuvieron y su amor, aun dormido, soñaba cada día con juntarles de nuevo. Se libraba una batalla cada noche, en la que el corazón salía vencedor sobre la obediencia.
Mucho antes de coger el avión para volver a casa en el día del cumpleaños de su madre, Diego, maduraba una idea en su cabeza: trataría de convencer a Esther para que se fuera a vivir con él a Inglaterra, para que rompiera los planes que no había trazado ella sola.
Y llegamos a Pamplona cuando me contaba que sólo su hermana sabía que él estaba allí, que su madre se llevaría una gran sorpresa, que ojalá le preparase “bolas de verde” para cenar esa noche. Lo que no sabía Diego, es que su hermana había hablado con Esther y era ella quien esperaba en la dársena, quien lo rodeó con sus brazos nada más bajar del autobús, quien le miró a los ojos y besó en los labios como si nada hubiese pasado. 

No os diré que Diego me llevó a casa como había prometido. Salí de sus vidas de la misma forma que había entrado, sin querer, sin pedirlo, viendo como Diego y Esther, se perdonaban.  

jueves, 14 de junio de 2012

Roca de anuncios

Azagayas el Mammut. Llegarás lejos.

Pintor rupestre, económico, experto en motivos de caza de bisontes, ciervos y caballos. Se usan materiales modernos: carbón vegetal, hematita y arcilla, mezclados con resinas y grasas. También decoramos con petroglifos. Muchas obras nos avalan: Altamira, Castellón, Teruel.
Redecora tu cueva.

Cro-magnon de compañía, peludo, alto (seis litos), apuesto, con cicatrices, sin arco supraorbital, homo sapiens 100%, se ofrece para emparejamientos y funerales. Hembra, ¡no vayas sola! Discreción.

miércoles, 13 de junio de 2012

Secreto de confesión.


Puede que sea el miedo al castigo divino o puede que sea el egoísmo, lo que os hace venir una y otra vez, arrodillaros ante nosotros y mostrar arrepentimiento. Pero, la verdad, es que el invento funciona, de hecho, es lo único que funciona.
La crisis ha llegado hasta la intocable Iglesia Católica. La nueva desamortización comenzó con nuestras pertenencias no eclesiásticas, el Gobierno pudo recuperar parte de su liquidez, vendiendo a precios de ganga, las propiedades que a lo largo de los años nos donaron nuestros feligreses: miles de casas y terrenos arrancados de las herencias deseadas y jamás conseguidas por los legítimos herederos. También se apropiaron de nuestras cuentas bancarias, destinadas a financiar nuestra gran obra. La crisis no remitió, apenas varió la prima de riesgo. Fue entonces, cuando decidieron quedarse con todo, con nuestras iglesias, templos, catedrales, seminarios, ermitas, tesoros. Inglaterra y Alemania compraron gran parte de nuestras obras de arte a un precio irrisorio, las arcas del Estado se llenaron, la economía se estabilizó. Después, no sabían que hacer con todos nosotros y fue cuando a alguien se le ocurrió que debíamos ganarnos el pan con el sudor de la frente, haciendo lo mejor que sabemos hacer: confesaros.
De 8 a 13h y de 15 a 17h, trabajo en un quiosco de confesión desmontable, siempre hay uno cerca de donde antes había una iglesia, hoy, son supermercados, sucursales bancarias, discotecas, salas de exposiciones, museos, lupanares de lujo, bibliotecas, franquicias de esquina y un sin fin de negocios pecaminosos de los que no vemos ni un solo euro. Mi sueldo depende de los pecadores, voy a comisión, a 50 céntimos por confesión. La absolución de los pecados sale barata.
Nuestra situación es delicada, pero hemos inventado una solución para volver a recuperar el lugar que nos corresponde. Como he dicho antes, la confesión funciona y dado que la Iglesia se deja zarandear por los vientos que soplan, en una situación de crisis de fe como en la que nos encontramos, hasta lo más sagrado se tambalea. El secreto de confesión será la llave que nos abra de nuevo las puertas del paraíso terrenal. Un sacerdote, un confesionario portátil y una grabadora, es todo lo que necesitamos.
En miles de años de historia, se han arrodillado ante nosotros para confesar y han cumplido con la penitencia impuesta, desde el lechero de la esquina, hasta el Borbón de turno. Seguid soltando por vuestras boquitas todos los pecados que os atormentan, descargaros de la culpa que nos hemos inventado, que ya nos encargaremos nosotros de poner precio a nuestro silencio.  

viernes, 8 de junio de 2012

El "Cello" de Davidov.

Prueba nº1: Un paraguas (demasiado pequeño) para proteger a un “Cello” (demasiado grande) de la lluvia.
Prueba nº2: Una Gabardina dos tallas mayor que la talla propia.
Prueba nº3: Una Composición fotográfica, en la que cada uno de los personajes que aparecen en ella, miran hacia lados opuesto: el “Cello”, el músico y el pintor.
Prueba nº4: Un “Cello” Davidov de 1712, fabricado en madera de ébano, con una funda de fibra de carbono.

La instantánea, recoge el momento exacto anterior, a que un camión cargado de tomates españoles, atropellase a Dominique de Williencourt, músico francés de 53 años de edad y a su violonchelo, impidiendo de este modo, que acudiera a la audición que tenía programada para participar en la nueva producción musical de Adam Hurst.
El testigo-pintor, según se aprecia en la fotografía, no fue testigo de nada.
El paraguas, además de no impedir que el “Cello” se empapara, no pudo parar el golpe.
El camión, salió a la fuga. Se sabe que cargaba tomates españoles, porque, junto al cadáver del músico, aparecieron un par de tomates, uno aplastado, el otro no, en cuyas etiquetas se podía leer: Tomate la Cañada-Nijar.
La persona que captó la instantánea, también murió en el accidente. Se trata de una turista japonesa de unos 23 años de edad. La fotografía fue realizada con una cámara Fujifilm finepix X10, presuntamente propiedad de la fallecida. Se ignora la identidad de la víctima.
De la prueba nº3, se saca la conclusión de que el músico y el “Celo” estaban enfadados. (Posible móvil del crimen)
El “Cello”, salió ileso. Aún no ha sido reclamado. Se sabe que era robado, que perteneció a Karl Davidov y que en la actualidad lo usaba Yo-Yo Ma, quien denunció su desaparición hace seis días. Alguien anda tocándolo en el depósito de pruebas.
Aún no sabemos por qué una talla grande de gabardina, constituye la prueba nº2.  
Se está investigando la única pista sólida de todo este embrollo: La procedencia de los tomates.

martes, 29 de mayo de 2012

Jerga marinera.

Diez metros de eslora, ¿qué diablos será la eslora?. Proa y Popa, ¿por qué no dirán simplemente delante y detrás?. Babor y estribor, ¿qué tiene de malo decir derecha o izquierda? Ballestrinque, as de guía, nudo de encapilar. Estoy segura de que esos nombres no existen, se los inventan para hablar en clave, para que no les entendamos cuando están todos juntitos, en la cantina, hablando de nosotras. 
Calabrote, trinquete, !ya os gustaría! Guindaleza, ¡eso se lo diréis a todas!. Lebeche, mar enarbolada, ¡dejad de inventar palabras de una puñetera vez!
¡Cómo os odio!, nunca jamás volveré a salir con un marinero. 

(Espero que el mar me lo traiga de vuelta).

"JUAN SIN CRÉDITO"

Siempre se quedaba sentado en su butaca hasta el final de los créditos, hasta que la última persona partícipe en la película aparecía, hasta que quien llevó las pizzas Margarita al ayudante del director, en los exteriores rodados en Sicilia, aquél día de bochorno con 39 grados a la sombra, aparecía inmortalizado con su nombre subiendo en una cortinilla formada por cientos de nombres, escritos en Bookman old style o el tipo de letra de moda en aquel momento. 
Los acomodadores de los cines Lumiere, le llamaban “Juan sin crédito”. Él sabía que se ponían nerviosos esperando, sabía que miraban sus relojes pendientes del comienzo del siguiente pase, sabía que proyectaban toda su energía negativa hacia su persona, pero, también sabía lo que le había costado la entrada del cine y por ese dinero, tenía derecho a leer hasta el nombre de los dobladores. Además, sabía que lo más importante de una película, son los millones de letras que salen cuando termina, cuando todos se levantan y vuelven a la cotidianidad de sus vidas, interrumpida por las escasas dos horas de la historia de personas que quizá no existan, pero que, actores, guionistas, directores, productores, ayudantes de dirección, maquilladores, expertos en efectos especiales, músicos y un sin fin de oficios varios, se empeñan en inventar. “Juan sin crédito”, se quedaba hasta que se apagaban las luces y se cerraba el telón y gracias a ello, aprendió que la mayoría de los productores tenían apellidos judíos, que la canción más repetida en la historia del cine era un tango de Gardel, que casi todos los técnicos de imagen eran japoneses, que el "best boy" no tenía porque ser un buen chico, que, a veces, hay sorpresas en mitad de los créditos que no te puedes perder y que los créditos más largos de la historia del cine son los del “Señor de los Anillos”. Pero, lo mejor estaba por llegar. Una tarde de lunes, en los cines Lumiere, “Juan sin crédito”, conocería a su alma gemela. La sala se vaciaría y ella esperaría como él hasta el final, como cada lunes en la sesión de las 16:30, pero esa tarde, el encargado del proyector de los cines Lumiere, quiso tomar cartas en el asunto y tras los créditos de “Algo para recordar”, empalmaría un fotograma en el que se leía en letra cursiva: “Pídele salir, estáis hechos el uno para el otro”. Y se cerró el telón, se apagaron las luces, la sala quedó vacía. Los acomodadores, cerraron tras de sí las puertas del cine.  

miércoles, 23 de mayo de 2012

La especie elegida.


De pequeño solía matar pollitos, son unos animales muy tontos. Mamá me los compraba y yo inventaba mil formas para acabar con ellos. La mejor, fue la vez que hice un “paso de pollitos” y derrapé con mi coche a pedales a toda velocidad justo encima de ellos.
Mamá estaba preocupada. El Doctor Barragán, le había dicho que era normal, que los niños no saben lo que hacen, que no distinguen entre el bien y el mal, que para mí sólo se trataba de un juego, el juego de la especie más fuerte, la especie elegida. El doctor, recomendó a Mamá, que me comprara animales más grandes para superar esa etapa de identidad agresiva, o algo así.
Pigüi, era un conejo gris con el rabo blanco, nos hicimos amigos enseguida. Sus ojillos rojos asustaban a mi hermana Rocío. Su nariz, siempre moviéndose, me divertía. Pigüi pesaba dos kilos y pico cuando dejó de patalear teniéndolo agarrado de las orejas, el día que quise averiguar lo elástico que era. Mamá se puso como loca. Aquel domingo, Papá, hizo una paella riquísima, mamá, no probó ni un bocado.
Cuando me regalaron a “Gizmo”, dijeron que iba a ser mi última oportunidad. En la foto me veis con él, mi padre, la sacó mientras yo le explicaba a "Gizmo" que no tenía nada que temer, que un gato tiene siete vidas, que los gatos siempre caen de pie, que sólo vivíamos en un quinto. "Gizmo", sabía escuchar, era un gato muy listo. Un día se fue por la noche y nunca regresó. Esta vez yo no tuve la culpa.
Con el tiempo, me convertí en lo que soy: el mejor cirujano torácico de España. Ya no rompo animales, ahora me toca arreglarlos.

jueves, 17 de mayo de 2012

Un pedido especial.


- Las Singer del señor Merrit eran grandes máquinas, no entiendo por qué las han cambiado por las Alfa.
- Ya sabes, Manuel, órdenes de arriba, por lo visto los norteamericanos no son afines al Régimen y nos han impuesto un bloqueo. Las máquinas Alfa se fabrican en Eibar y la misma empresa también nos proporcionó armas en la Guerra Civil, supongo que el acuerdo al que habrá llegado el Ministerio de Industria con ellos, será bastante bueno.
- Me gustaban las Singer, las chicas cantaban mientras cosían con ellas, era algo implícito a su nombre, además, ¿no fue Alfa la empresa que constituyó la primera cooperativa en España? Son una panda de rojos.
- Si los de Industria lo han admitido, será por algo. Alfa es la primera letra del alfabeto griego, España es Alfa y Omega, principio y fin. Seguro que son unas máquinas perfectas.
Por cierto, hoy nos ha llegado un pedido muy especial, ni más ni menos que de Don Francisco.
- ¿Qué Francisco?
- ¿Quién coño va a ser, Manuel?, el “Generalísimo”.
- ¡Pardiez! Haberlo dicho antes, ¿qué demonios quiere?
- Unos pantalones.
- ¿Qué?
- Quiere que le confeccionemos unos pantalones con las nuevas máquinas.
- ¡Madre del amor hermoso¡ y ¿qué, quién, cómo, cuándo, por qué nosotros?
- Tranquilo, Manuel, sosiégate, su sastre personal nos ha enviado las medidas y contamos con la persona adecuada para hacerlo.
- ¿Carmencita?
- ¿Quién sino? No da puntada sin hilo, lo que ella cose y remalla, no hay manera de deshacerlo. Hazla venir.

- Carmen, hoy nos ha llegado un encargo del General Franco. Hay que confeccionar unos pantalones para su ilustrísima con las nuevas máquinas. Aquí tienes sus medidas. ¿Te ves capaz?
- Capaz y capataz, a ver déjeme verlas. Vaya, parecen las medidas de un niño de diez años.
- ¡Carmencita!
- Es verdad, no debe llegar al metro y medio, no entiendo cómo cabe tanta mala uva en semejante cuerpo. Pero, aquí falta algo, aquí se han olvidado de poner un detalle muy importante para unos pantalones de corte masculino.
- ¿De qué se trata?
- No pone a qué lado carga el Generalísimo.
- ¿Cómo?
- Ya sabe, hacia qué lado se emplazan sus atributos masculinos, izquierda o derecha.
- Si no lo han puesto, no será importante.
- Es lo más importante de un pantalón masculino, si se confunde el lado de la carga, las consecuencias pueden ser nefastas.
- No vamos a molestar al generalísimo por esta tontería.
- No es ninguna tontería.
- Manuel, ¿qué opinas?
- Opino que el Caudillo debe cargar a la derecha, como Dios manda.
- Pues, que así sea.

Carmen cosió los pantalones a conciencia. Sonreía mientras disponía la carga a la izquierda, por aportar su granito de arena, por vengar a sus muertos republicanos.
El General quedó encantado. No se quitaba los pantalones. Los llevaba puestos el día que conmutó las sentencias de muerte.
El Parkinson, la demencia senil y varios ataques cardiacos, acabaron con el dictador y lo mejor, es que seguía pensando en un complot judeomasónico.
Carmencita, fue una de las 500 mil personas que guardó cola en el Palacio de Oriente para cerciorarse de que Franco había muerto.
Los pantalones formaron parte de su mortaja.

domingo, 13 de mayo de 2012

No me digas tu nombre.

Se podría decir que la vida no le cogió por sorpresa. Allan siempre estuvo en el lugar donde quiso estar.
Si quisiérais conocerle, sería muy sencillo. Bajad en la parada de metro de Manuel Becerra y sólo tendréis que andar por el Paseo del Marqués de Zafra hasta el final, para llegar al parque de la Fuente del Berro. Una vez allí, encontrarle será otro cantar, aunque siempre deja pistas inequívocas de su paradero. Un consejo: llevad una botella de vino y el encuentro será memorable.
Recuerdo el día que le conocí. En ese parque habré hecho miles de kilómetros corriendo, pero ese día, simplemente paseaba con “Greta”. La perra, curiosa como era, se acercó a olisquear unos cartones colocados a modo de tejado de dos vertientes que, aprovechando sendos bancos de madera, coronaban un vivac improvisado por manos expertas en construir refugios trashumantes. El día era gris, diez centímetros de nieve alfombraban el suelo. De entre los cartones emergió un hombre con el aspecto de un mendigo de cualquier capital europea. El color de toda su ropa había adoptado la misma tonalidad pardusca a base de sudor y mugre acumulada, sus ojos, brillaban salvajes en el centro de una cara cubierta por una maraña de barba y melena fusionadas por dejadez.
- Bonita bulldog inglesa tiene usted, ¿cómo se llama?
- “Greta”.
- ¿Y la perra?
- No, la perra se llama “Greta”.
- Ya lo suponía, pero tengo la sana costumbre de comenzar cada mañana con una broma para animar el espíritu y ésta ha sido mi primera broma del día. Mi nombre es Allan ¿y el suyo?, no me lo diga, déjeme adivinarlo.
- Eso lo veo, cuanto menos, imposible.
- No si sus padres lo eligieron bien y mirándole, estoy seguro de que así fue. A cada persona le corresponde un nombre y sólo uno, a veces nos lo ponen al nacer y otras, debemos buscarlo. Sin ir más lejos, el nombre que eligieron mis padres, fue Roberto, pero, el nombre que de verdad me corresponde, es Allan. Con unas pocas preguntas adivinaré su nombre y si lo hago, usted me invitará a beber una botella de vino español, hablar tiene el inmediato efecto de causarme una terrible sed.
- Acepto encantado.
- Muy bien, veamos, dígame sin pensarlo su número preferido.
- El nueve.
- Un animal.
- El caballo.
- Profesión.
- Fui abogado, pero ahora me dedico a pensar y a escribir lo que pienso.
- Con esos datos que usted me ha dado, tengo una idea muy clara de cuál es su nombre o cuál, sin lugar a dudas, debería ser.
- Estoy ansioso por saberlo.
- Usted debería llamarse Fernando.
- ¡Madre mía! ¿Cómo lo ha hecho?
- Ha sido muy fácil. Fernando es un nombre de origen Germánico que significa atrevido, osado, audaz. Si nos vamos más atrás, hay quien afirma que Fernando, en términos etimológicos, significa amante de los caballos. Con las dos primeras preguntas ya lo había adivinado.
- ¿Y qué tiene que ver el nueve con mi nombre?
- En realidad, su nombre debería escribirse Ferdinand y Ferdinand, tiene 9 letras.
- Eso está cogido por los pelos.
- Hay más, el hecho de no sentir el mínimo temor o rechazo a hablar con un desconocido, que para más datos, es un mendigo, me dice de usted que es atrevido, osado y audaz, significado literal de Fernando. Su antigua profesión y a la que se dedica usted en la actualidad, son muy propias de su nombre y un rasgo de su personalidad, que descubrí nada más verle, me dio la pista definitiva.
- Y ¿Cuál es ese rasgo, si puedo saberlo?
- A usted le gusta sentirse admirado.
- Eso no lo puede saber con sólo mirarme.
- Pantalones vaqueros con un corte muy moderno, seguramente comprados en Inglaterra, camiseta “Superdry” que resalta sus pectorales, trabajados sin duda alguna con dedicación en el gimnasio, gafas graduadas de Philippe Starck, corte de pelo a navaja, perrita con pedigree, profesión por cuenta propia, que, sin un público que lo admire, no sería una profesión, sino un hobby. ¿Quiere que siga?
- No, creo que es suficiente. Sabe demasiadas cosas para ser un pordiosero.
- No siempre he sido lo que ahora ve.
- ¿Cómo ha llegado a ser lo que es y qué es lo que era antes?
- Por voluntad propia, por indignación, el 15 de mayo hará un año. Antes, era corredor de bolsa. Pero, esa historia se la podré contar mientras nos tomamos ese vino que me he ganado. Tanta charla me ha dejado el gaznate más seco que las barrancas del Cobre.

lunes, 7 de mayo de 2012

El eterno secundario.


El tiempo que me ha tocado vivir es el peor de todos. Soy actor por vocación o por desgracia y los actores de mi generación son todos unos genios. Su genialidad o mi cuna humilde o mi falta de contactos, me han relegado a papeles secundarios. En el instituto era el rey de la comedia, el dueño del drama, me codeé con Shakespeare, me tuteé con Casona, salí de copas con Lorca. Luego llegaron la facultad y los estudios de arte dramático, que me abrieron puertas que hubieran permanecido cerradas de no haber elegido esta carrera. Me licencié con una buena media y empecé a cursar estudios en la Escuela de cine de Madrid, para darle una oportunidad a mi talento estancado. Conseguí frases en producciones televisivas independientes, me abrí camino a golpe de cara bonita y calzoncillos limpios, la gran oportunidad no tardó en llegar. Una película de Iciar Bollain me brindó el primer papel secundario y mi primera aparición en la gran pantalla. Qué explosión de orgullo se alcanza al ver tu nombre en los créditos junto al de actores de renombre. Desde este momento todo fue bien, una película con Fernando León, dos con Javier Fesser, otra con Amenabar, pero el papel de protagonista nunca llegaba. No recuerdo el número de castings a los que me he presentado, contra cientos de críos con acné musculado, que salían del despacho del productor con una sonrisa radiante y un papel protagonista. Mario Casas me ha quitado tres papeles entre series y películas, Bardén ha destrozado mi vida. Si hubiera nacido en la época de Jorge Sanz o Gabino Diego, otro gallo me hubiera cantado, porque soy mejor actor que ellos y más guapo y con muchos menos escrúpulos. Pero no, me ha tocado vivir en la época de Bardén, Tosar, Casas, Paco León, Juanjo Ballesta, Santiago Segura, Javier Cámara, Coronado y contra ellos no tengo nada que hacer. Pensé en hacer un Tootsie, pero las actrices actuales también son increíblemente buenas.
Hoy repaso mi vida mientras espero sentado en las escaleras del Kursaal a que se apaguen las luces. Entraré cuando todos los actores de mi generación estén sentados junto a sus enormes egos en sus cómodas butacas. Llevo adheridos a mi cuerpo diez kilos de tretanitrometano y cloralita, con un detonador casero de metacrilato, invisible para un arco detector. Internet es una herramienta muy útil si eres de los que tienen ideas para dañar a las personas. Me sentaré en mi butaca y cuando Woody Allen recoja su enésima Concha de Oro, con la mayor paz que me permita el espíritu, liberaré al mundo de esta carga. Lo que no es para mí, no será para nadie.

viernes, 4 de mayo de 2012

El bueno de Evel.

30 de Noviembre de 2007, el cielo está despejado, sopla un viento de componente noroeste a 17 km/h, la humedad relativa del aire es del 63%, las condiciones son idóneas para el salto.
Evel Knievel lleva puesta la famosa cazadora de flecos con su nombre bordado con tachuelas de oro, sus pantalones blancos ajustados, el casco serigrafiado con la bandera de Estados Unidos con una cámara HD incorporada y sus gafas de motorista de la Segunda Guerra Mundial. Está exultante. Va a intentar lo que nadie ha intentado jamás, esto es: saltar del ala de un avión de pasajeros que sube, al ala de otro avión de pasajeros que baja, en pleno vuelo, sin paracaídas y grabarlo todo para que quede constancia de la hazaña. Debemos recordarles que hace dos años, practicando este mismo salto en el estado de Illinois con dos avionetas fumigadoras, falló en un cálculo físico por una milésima de segundo y se precipitó hacia el suelo cultivado de heno a una velocidad de 312 km/h. El impacto no produjo ruido alguno, parece ser que el heno, en su punto máximo de crecimiento, amortiguó la caída. El resultado fue un montante de 67 huesos rotos, el bazo hecho tabaco y un susto de tres pares de narices.
Hoy, sábado 30 de noviembre de 2007, todo va a salir bien.
El piloto del avión que baja, le pide al piloto del avión que sube, que desvíe su trayectoria un grado hacia la derecha si no quieren colisionar. Evel se encuentra literalmente atado al ala izquierda del avión que baja, las botas que lleva están imantadas, cuando salte, además de desatarse, tendrá que tomar la precaución de accionar el botón que cambia la polaridad de sus botas para poder despegarse y volverlo a accionar cuando aterrice en el otro avión, para conseguir adherirse a él como un koala al tronco de un eucalipto. El plan es tan sencillo que no puede fallar.
Tres segundos y viviremos en directo algo histórico.

El salto, como todos ustedes saben, salió mal. Otro fallo físico tuvo la culpa. Ese famoso grado que se desvió el avión que subía, se transformó en tres metros que fueron físicamente insalvables para el bueno de Evel. Todo el mundo guardará en su retina la última imagen grabada por la cámara acoplada al casco de Knievel: el avión subiendo, la boca de la tragedia con forma de motor de reacción. El resto de la historia ya la conocen.
Un mes después del accidente, pusieron su nombre a una hamburguesa del Burguer King.

domingo, 29 de abril de 2012

TODO ES NORTE

Era mayo en el cielo y ni sombra del sol. La primavera había avanzado como esas gotas de agua encerradas que creen saltar los muros de cristal de una clepsidra. El camino recorrido fue inútil, era como andar sobre la nieve y no dejar huella.
Nieve. Casi siempre es hermosa, pero cuando han caído veinte nevadas consecutivas fuera de tiempo y lugar, su hermosura se torna en algo habitual, su elegancia se desvanece.
El bosque no estaba preparado para el frío primaveral, los hongos no salieron, las yemas no brotaron, las hojas de los árboles no vistieron al invierno desnudo y éste se negó a terminar con su letargo por pura vergüenza.
Al principio, los que hablaban a través de las ondas, empezaron a dar forma al concepto de la tercera glaciación. Un enfriamiento global, planetario, dijeron. Pero todas esas palabras se quedaron heladas en el aire, como los cables que las trasportaban, como los satélites que las dirigían, como las voces que las narraban,... Y el mundo se congeló.

Han pasado doce años, el blanco ha ganado la batalla al color, la humanidad está ciega. Si quieres ver el carmesí de una rosa, tienes que cerrar los ojos y buscarlo en tus recuerdos o encontrarlo en frías imágenes de archivo. El sol ya no nos pertenece, ha debido trazar su elípse en dirección a otros cielos con atmósferas menos crueles. Los cuatro puntos cardinales se han fundido en uno. Todo es norte.
Hoy he salido con mi cámara a fotografiar el paisaje monótono del trocito de tierra en el que me ha tocado vivir. Hacía más de diez años que no disparaba fotos policromáticas, ¿para qué, si todo es blanco nieve y negro desolación?, pero, algo más poderoso que la desidia, me ha hecho salir a buscar el color y ahora, mientras reviso, retoco y manipulo las fotografías en mi ordenador, la de un lago helado con un tronco seco en mitad de la composición, ha captado mi atención como una llamada de auxilio infantil. Aumento la imagen central hasta descomponerla en enormes píxeles dalinianos y entre todos los cuadraditos negros y blancos que aparecen en la pantalla, descubro una nota de color. Aíslo el detalle, lo baño de nitidez, defino al máximo esa parte de la fotografía y nace el milagro. Se trata de un brote, tres diminutas hojas de un verde esperanza han ganado la batalla al frío sobre el lecho inánime de un tronco congelado. La vida se abre camino. La primavera ha vuelto. El sur está más cerca.

miércoles, 28 de marzo de 2012

HABÍA PENSADO.

(Un niño de unos dos años de edad, va detrás de dos adultos imitando su forma de caminar. Mientras, escucha su conversación y repite alguna de las palabras que reconoce).

La crisis está durando demasiado.
- Crisis.
Hoy he tenido que pedir prestado dinero a mi cuñado para hacer la compra de la semana.
- Dinero.
María hace meses que no quiere hacer el amor conmigo, no creo que esté viendo a otro. El hecho de que estemos en paro los dos, me parece que no ayuda mucho.
- No hacer el amor. Paro.
El lunes vence el pago mensual de la hipoteca y con el de este mes, llevo cinco de retraso. Esta vez nos embargan seguro.
- Hipoteca.
Se acerca el cumpleaños de Daniel y no tengo ni un euro para comprarle un juguete.

- JUGUETE. (Había pensado que si imitaba a Papá y al tío Paco me haría mayor enseguida, pero visto lo visto, en la próxima esquina voy a ponerme a gatear).

martes, 20 de marzo de 2012

La casa en guerra.

Ellos mandan y gobiernan y yo lo sé. Nadie me cree pero conseguiré pruebas. Los he visto cientos de veces, es difícil, pero a paciencia no hay quien me gane. Últimamente duermo con un ojo abierto, al principio se me secaba la córnea, pero ahora, gracias a las gotas de eufrasia que me echo antes de acostarme, ya no me pasa.
He puesto trampas por toda la casa. Nunca sabes por dónde pueden aparecer.
El del cuarto de baño, en concreto, es particularmente cabrón. Le gusta vaciar mi champú de chocolate belga, le gusta coger los pelos del baño y ponerlos en el lavabo, abre las puntas de mi cepillo de dientes y tiene una fijación enfermiza con el espejo. Me deja mensajes ocultos que salen con el vaho, ayer me puso: “te estás quedando caaaalvooo”.
El de la cocina está intentando volverme loco, pero no lo conseguirá, la Carbamazepina de 200 mg no va a permitírselo. Lo de las llaves de casa en el congelador ya es un clásico, pero con su última jugarreta ha ido demasiado lejos, no se le ocurrió otra cosa que llenar de fairy limón la botella de aceite de oliva. Las lentejas quedaron bien limpitas, mi intestino grueso también.
El peor de todos es el del salón, se atreve a actuar cuando estoy despierto. Cambia los canales de la televisión cuando la estoy viendo, ha metido una clave para Intereconomía que no puedo desbloquear, cada vez que enciendo la tele aparece ese maldito canal. Sube el volumen cuando empiezan los anuncios y sintoniza la COPE en la radio. Cuando le coja, se le va a terminar de golpe las ganas de hacer bromitas.

- ¡Ha caído uno, ha caído uno! Unté las llaves del coche con super glue y las até al reloj de bronce con hilo de pescar. Se ha quedado pegado a ellas y cuelga del chifonier como un arenque.
- ¿Y ahora qué, y ahora qué? De momento te meteré en el congelador hasta que decida lo que voy a hacer contigo.

- ¿Cómo sigue el paciente?
- Sin cambios desde que le trajeron la semana pasada. El cóctel de Lorazepam, Haloperidol y Clonazepam no está surtiendo ningún efecto. Sigue repitiendo una y otra vez la misma historia.

- Déjenme salir, esos malditos bastardos van a destrozar mi casa. Seguro que ya han liberado al del congelador. No estoy loco, tengo pruebas, tengo pruebas.