lunes, 23 de julio de 2012

13. (concurso) Un paseo urbano




Vacío está el verano cuando no importa que sea otoño, primavera o invierno. Vacío siento el cuerpo cuando danza entorno a un agujero que se nutre del bullicio de otros veranos que se agotaron.

Mi vacío ha succionada el gusto por los vestidos cortos, sin mangas; los escotes atrevidos, sugerentes; el color de piel dorado en una carrera que  deja sin resuello. Me doy licencia para renunciar a todo ello sin nostalgia.

Mi vacío veraniego me acompaña, me lleva hasta la convicción de que la media manga es lo conveniente, asumiendo como mía la idea de que lo holgado sustituya a lo ceñido formando un vacío cómodo.

Mi vacío se llena con el placer del calor bordeándome la cintura, envolviendo mi cuerpo en una segunda piel húmeda, incómoda y con ganas; suspiro porque me acaricien los oídos sones con timbre eventual, sugerente; con pequeños paseos urbanos buscando la sombra bajo los balcones de calles estrechas y solitarias.

Mi vacío brota de la soledad de una terraza y una cerveza, de la pereza de tener que estar alegre porque es verano, pero, adoro la luz, el sol y esos días interminables en los que el reloj es un mero abalorio.



Pablo Guillén

domingo, 22 de julio de 2012

12. (concurso) UNA AVENTURA, QUE ME PERTENECE

Hoy me propongo acometer el día con buenos propósitos y necesito esta soledad matutina con la que intento enredarme. Miro al cielo y lo veo libre de las telarañas de nubes que presentaba el día anterior. El sol hace esfuerzos por desplegar sus rayos y recobrar la vitalidad que la noche le ha sisado por unas horas. Fuera, los silencios rompen su sueño con los primeros ruidos del devenir de la vida.
Cuelgo la mochila a la espalda; en ella llevo lo imprescindible para socorrer hambre y  sed. También me acompaño de un buen libro y una libreta de notas para, cuando el cansancio asome en mi cuerpo, buscar una sombra al plácido descanso y poder tener el goce de alegrar el espíritu con una buena lectura o... escribir mis sueños, unos sueños que nadie podrá quitarme. Con ellos vivo porque son mi esperanza. Ellos alimentan la sensibilidad y la razón, que se ponen de acuerdo al sacudir delicados enojos, que brotan espontáneamente de un interior desilusionado y cansado por los errores, tan evidentes, provocados por la dejadez del hombre.
Camino con la única compañía de mis pensamientos, aunque intento no ofuscarme en reflexiones transcendentales que amarguen esta aventura que, se me antoja, me pertenece. Poco a poco, me adentro en el corazón de lo que he venido a visitar. Un hermoso paisaje natural, donde las leyendas y mitos que encierran sus bosques, convierten a este lugar en mágico y misterioso.
Me acomodo bajo un majestuoso árbol (Eleagnus Angustifolia) cuyo nombre hace referencia al jardín del Edén: El Paraíso. El aroma de sus flores me recuerda a una mezcla de miel y aceite que mi madre me preparaba de niña, llevándome a una infancia despreocupada y feliz.
Las horas, ajenas a todo lo que les rodea, marcan su ritmo para no quedarse atrás. No tengo prisa pero debo partir. Según me alejo, saboreo los últimos momentos de tranquilidad y despreocupación, hasta volver a la realidad de este mundo. Un mundo donde la inestabilidad, inquietud y desasosiego nos acompañan.

 SOLEDAD


jueves, 19 de julio de 2012

11. (Concurso) EL TAMAÑO SÍ IMPORTA





Desde mi más tierna infancia siempre me has acompañado. Has crecido conmigo. En verano era cuando más me daba cuenta de tu incondicional presencia. Daba por hecho que seguirías siendome fiel toda la vida. Me sentía afortunada cada vez que alguien  piropeaba tu seductora perfección, tu línea escultural. Estaba orgullosa cuando te movías, saltabas, brincabas y hacías figuras al ritmo de la música,  que animaba las verbenas de las fiestas de la Virgen de Agosto, y tú te convertías en el centro de todas las miradas.

Evoco con nostalgia nuestros días de playa, la lindura de tu talle, tu piel bronceándose poco a poco, tu envidiable tamaño. Nos tendíamos en la arena recibiendo las caricias de los rayos solares y nos sumergíamos felices en las tibias aguas del Mediterráneo.

Ahora te he perdido. Aún no puedo explicármelo. Sí, ya sé que las causas han sido mis continuos deslices, yerros y desatinos. No sé qué podría hacer para recuperarte. Pienso en ti día y noche, eres la protagonista de todos mis sueños.

Quiero recuperarte, quiero reconquistar los sesenta centímetros de mi hermosa cintura arruinados por culpa de mis excesos. Prometo no volver a probar los dulces, los arroces, las pastas y los quesos pero vuelve, por favor, no puedo vivir sin ti.  

María Molla  

10. (concurso) Laura y Ramón



Laura y Ramón son amantes. Laura no es la querida de Ramón ni Ramón el querido de Laura, sencillamente están enamorados.

Se conocieron cuando se estrenó el verano, se miraron y un arrollador tornado les envolvió hasta depositarlos en el séptimo cielo. En este momento vagan sin sosiego entre la ausencia y lo furtivo.

Laura tiene tres hijos y un marido ciego de amor por ella, pelean sus batallas como auténticos soldados en una guerra.

Ella consume el día esperando una señal, el pálpito que le indique que Ramón no está lejos, que la evoca con la mirada y la desea desde el alma. El calor es agobiante y su mundo se tambalea. Hace unas noches habló con su marido, en la cocina, de pie, de cualquier manera y sin demasiadas explicaciones. No se puede contar algo a quién no quiere saber.

Ramón, vive y sufre el asedio de su familia, su ingenua conciencia le obligó a confesar a todos lo que le ocurría a su corazón. Hábil, despreocupado y con promesas de papel ha conseguido esquivar todos los frentes… Ramón tiene dos crías y una mujer con porte y aires de matrona eficiente.

Sus encuentros son rápidos, apasionados, alimentados por misivas escritas en papeles toscos e improvisados… Tienen sus códigos, sus símbolos y sobre todo, tienen las ganas siempre a punto. Laura y Ramón se aman, viven su milagro en un camino de tierra perdido junto al río.





Luna