jueves, 5 de septiembre de 2013

CECILIA Y MARIO (dedicado a Rafa Sastre)

      

                                     
Mario conducía su BMW por la autopista. Cecilia,  giró la cabeza para mirarle y dirigirse a él:
-Cariño… ¿Por qué no paras en la próxima salida? No me encuentro bien… Necesito ir al baño…
Sin contestar, Mario pensó en su reciente viaje de negocios por Alemania, en el joven Helmut y en el dinero que había ganado gracias a su colaboración. Por el contrario, qué pesada le resultaba últimamente Cecilia y su manía por los concursos literarios. Antes era más solícita con él y no se empeñaba en viajar de ciudad en ciudad, recogiendo premio tras premio. Para él era una pérdida de tiempo, además los galardones no se traducían en grandes sumas de dinero, como mucho un diploma, una noche de hotel y  cena gratis entre gente que se dedicaba a perder el tiempo de la misma forma que ella. Antes no era así. Cuando llegaba a casa, la cocina olía a gloria gracias al curso de Alta Cocina que Cecilia había aprovechado la mar de bien. Desde que se presentó a ese certamen de relatos, que seguro ganó de chiripa, la vida de ambos se había transformado.

Cecilia miraba a Mario… Desde que se dejó crecer el bigote, ya no le parecía tan atractivo, le hacía parecer mayor. Últimamente se mostraba serio y taciturno. Seguro que se veía con otra mujer, aunque este pensamiento no le hacía daño, al contrario, ya no le importaban sus ausencias, prefería quedarse frente a la pantalla de su ordenador inventando historias que luego publicaba en innumerables blogs con gran éxito. Gracias a la literatura tenía muchos amigos y había viajado por toda España. Esto le satisfacía mucho más que salir a cenar los fines de semana con los aburridos amigos de Mario y sus tediosas conversaciones de negocios.
Se escuchó un sonido agudo, como de instrumento músico-espacial. Era el móvil de Mario:
-¿Helmut? ¡Querido amigo…! ¿Cómo te va? ¿Que estás en Vigo? Precisamente me encuentro muy cerca, qué casualidad… Hotel Marysol, habitación 504. De acuerdo, cenaremos juntos.  
- Intuyo que no me vas a acompañar a la entrega de diplomas… No te preocupes, sal a cenar con Helmut.
- ¿No te importa?
- No, en absoluto.
Cecilia recogió su premio y salió a cenar con los organizadores del concurso y los demás autores. Se encontraba tan relajada entre ellos  que olvidó a Mario y continuó la velada nocturna por los locales de copas de la ciudad. Precisamente, en uno de ellos, mientras charlaba vio a Mario de  espaldas y de frente a Helmut, a quien no conocía en persona. Era rubio y de ojos claros, de porte elegante. No apartaba su mirada de Mario y sus largos dedos rozaban los de su marido… Bebió un largo trago de su copa y comenzó a imaginar quiénes serían los protagonistas de su próximo relato.

Engracia se despertó de repente sobresaltada, mareada y confusa. Esa noche había repetido su estancia en la habitación 504. Se dijo a sí misma que no lo haría más. Ya no sabía en qué habitación se encontraba…¿La mujer rubia no pertenecía al sueño de la 409? ¿El hombre del bigote era el mismo que se la pegaba a su mujer? ¿Le engañaba con un hombre alemán? ¿El golpe con la botella le había dejado fuera de combate o   había sido el boxeador de la suite 701? “Hoy mismo me busco un piso baratito…”


13 comentarios:

  1. Muy divertido e ingenioso, Amparo. Felicidades.

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  2. Gracias. A ver si consigo contactar con mis musas que andan por ahí sin rumbo...

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  3. Qué gracia, me ha gustado esa continuación. Creo que podríamos escribir una novela. No pares, Amparo!!

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    1. Gracias, Maga. Engánchate tú también, que te echamos de menos...

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  4. GENIAL, GENIAL, GENIAL, Amparo. Me ha hecho mucha ilusión que me dedicases el relato, que en dos palabras, está cojo nudo. Vaya si tienes tú también imaginación, querida amiga...
    Venga, vamos a ver si continuamos animando un poco este blog. ¡Al ataque!

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  5. Muy imaginativo Amparo.
    Enhorabuena.
    Un abrazo .

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    1. Gracias Yolanda. Un placer verte por aquí...

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  6. Amparo,que Cecilia no este preocupada por Helmut, la mariscada de la ceremonia de entrega premios fue mil veces mejor que la cabellera rubia de Helmut. Donde este un buen centollo...
    Muy bueno el relato-continuación de ese ingenioso hotel.
    Un beso desde Vigo (la otra noche estuve en aquel pub... no estaba Helmut)

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  7. Gracias Reca! A ver si me acerco a Vigo. No he estado nunca y me he atrevido a ubicar el relato gracias a Rafa... Me seduce lo del centollo y lo del pub también, aunque no esté Helmut, además él prefiere a Mario...

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  8. Muy divertido, además nos hace entrar en la realidad -del relato- y en la ficción, balanceándonos, dan unas ganas de sumergirse en ese fantástico hotel...

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  9. Y luego dices que las musas no te acompañan. Muy imaginativo y divertido Amparo.

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