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viernes, 30 de noviembre de 2012

24. (Concurso Otoñal) FRÍA Y GRIS

La mañana era fría y gris, como otras tantas. Parapetado en la trinchera, el soldado oyó un lejano estruendo y vio claramente cómo el proyectil propulsado desde las líneas enemigas se dirigía a sus posiciones. Gritó “¡Obús!” y sus compañeros se lanzaron al suelo. Mientras los más jóvenes temblaban, protegiendo con las manos sus rostros o hincando éstos en el fango, muchos veteranos apuraban rutinariamente sus cigarros. Sin embargo el vigía permaneció en pié, observando cómo se acercaba la semilla de muerte escupida a unos centenares de metros por el mortero que manejaba otro soldado tal vez semejante a él. Tal vez con mujer e hijos, aficionado a la música, al baile o a la pesca, tal vez creyente, nacido en una remota aldea, tal vez asiduo bebedor de vino, jugador de naipes, analfabeto, tal vez poseedor de un pequeño huerto y una mula. Un hombre muy probablemente detractor de las guerras, de los generales, de los oficiales y de sus órdenes asesinas; pero, con toda seguridad, un hombre ajeno al motivo y alcance de esa batalla y al insignificante valor que su miserable Dios, su miserable Patria y su miserable Rey otorgaban a sus desgraciadas vidas. Un artillero hábil, que no marró el disparo. La mañana era fría y gris y se tiñó de sangre.

DALTON T.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

23. (Concurso Otoñal) EL SONIDO DE LA LLUVIA

Los días de lluvia en Otoño mi abuela Lola nos solía contar siempre la misma historia. Se la pedíamos como si se tratase de un ritual, y ella, aunque se quejase, al final se levantaba de su mecedora y asomándose a los ventanales para ver caer el agua sobre la calle, empezaba de nuevo por el principio:

“Cuando yo era tan pequeña como vosotros casi no habían carreteras, ni coches… Mis padres tenían un carro que tiraba un viejo caballo y con él nos sobraba para ir de aquí para allá. ¿Veis todos estos edificios? Pues entonces no existía ninguno de ellos. Y esta casa estaba rodeada de mucha huerta donde los niños jugábamos a piratas, al escondite o a policías y ladrones entre naranjos, limoneros y mucho azahar con ese olor divino que ya se va echando en falta. ¿Sabéis el que os digo?    

-Todos asentíamos con la cabeza y ella seguía contando sin dejar de mirar hacía afuera- 

Mañana en cuanto amanezca os llevaré a dar un paseo para que lo respiréis y cojáis muchos vinagrillos.
Pues bien, cuando yo era muy pequeña dos de mis vecinos discutieron una tarde en la que llovía tantísimo como hoy. Uno de ellos se había pasado en las lindes del terreno del otro y cuando éste se dio cuenta y fue a pedirle explicaciones, el vecino ladrón lo amenazó con gritos y empezó a golpearlo sin entrar en razón hasta que al final en uno de esos golpes la fuerza de una de las herramientas de trabajo que llevaba en la mano pudo con la cabeza del otro. Mi abuelo Pedro siempre me dijo que Juanillo era demasiado bueno y que por eso le pasó aquello. Y así fue como a Juanillo un mal vecino le robó y después lo dejó medio muerto sobre la tierra inundada sin darle auxilio.

-¿Lo pillaron? ¿A que sí, Lola? (Le preguntábamos siempre interrumpiendo el relato)-

Sí, cariño. A los malos siempre se les coge. No lo olvidéis nunca. Pasa lo mismo que con los mentirosos y sus patas muy cortas.
Bueno, pues pasaron muchos años y una tarde en la que volvía a llover de la misma forma que hoy, estaba mi padre tomando unos vinos en la taberna con otros vecinos cuando escucharon como uno de ellos asomado a la ventana se decía a sí mismo en voz alta: “El agua cae tan fuerte que hace pompas sobre los charcos igual que aquella tarde en la que Juanillo murió. Lo último que dijo el pobre fue eso, que ellas serían las únicas testigos de su muerte.” Se hizo un silencio terrible, de esos que cortan el aire, y cuando el hombre se dio la vuelta comprobó como toda la taberna lo miraba ya de otro modo. Como se mira a un asesino.
¡Todos a cenar que ya está bien de tanta lluvia y malas historias!”

Y entonces nos envolvía el aroma de la mejor tortilla de patatas del mundo…

  Marife.




martes, 27 de noviembre de 2012

22. (Concurso Otoñal) UN TRANQUILO PASEO OTOÑAL

Aquella mañana otoñal, Celia salió a pasear como todos los días. Su médico le había dicho que el mejor ejercicio que podía hacer era dar largos y serenos paseos. El día era tranquilo y soleado, el cielo azul turquesa. Los pajarillos acompañaban su marcha con dulces y melodiosos trinos, bajo sus pies una esponjosa alfombra de hojas amarillas amortiguaba sus pasos. Aspiró al agradable aroma que desprendían y notó, de repente, algo viscoso en una de las suelas de sus deportivas. No le dio tiempo a reaccionar, en cuestión de segundos, su cuerpo cayó encima de la colorida y húmeda espesura. Abrió los ojos que se habían cerrado a causa del sobresalto, miró a su alrededor, no había un alma. Se concentró, entonces, en todos y cada uno de los huesos de su cuerpo -los que conocía, claro está- . Intentó mover primero un brazo, luego el otro, movió un pie, luego el otro, pero… ¿ese olor nauseabundo? ¡No lo podía creer! Ya conocía el motivo del repentino traspié; sintió una súbita sensación de odio hacia esos maleducados paseantes de mascotas. Tenía que ponerse en pié, pero… ¿podía hacerlo ella sola? ¿Dónde debía apoyar sus manos para no ensuciarlas? No sabía si reír o llorar, se veía a sí misma en aquella ridícula posición, boca abajo, en el suelo, respirando ese hedor…
Escuchó una voz masculina desde lo alto, desde lo alto de su posición, se entiende:
- Ponga las manos una a una en el suelo, después intente apoyar las rodillas.
- Pero… está todo muy sucio y… ese olor…
- ¿Prefiere continuar en esa posición?
-No claro,… ¡Uffff, no puedo apoyar la rodilla derecha!
-Espere, voy a ayudarla…
-¡No me toque! Se va a manchar …
- Eso es lo de menos, apóyese en mi brazo, poco a poco…
Celia y su salvador terminaron en el servicio de urgencias de un hospital. No tardaron nada en atenderla, hasta los enfermos suplicaban que fuera ella la primera en entrar, tal  era el olor que desprendía.
 Llevó la pierna derecha inmovilizada por un tiempo durante el cual, Fernando, su redentor, le ofreció la mejor de las curas: su amor y dedicación.
El otoño es la estación del año preferida por la pareja. Todos los meses de noviembre, dan un paseo cogidos de la mano, por la misma calle donde se conocieron, rememorando aquella hermosa mañana…

Clarita CampoLodio

lunes, 26 de noviembre de 2012

21. (Concurso Otoñal) NOS VAMOS DE BODA

Juzguen ustedes, si fue una boda de conveniencia o por amor. Les advierto, que mi último tren del amor pasó hace muchos años y yo como siempre, me encontraba durmiendo en los laureles.
Escuchaba el traqueteo de gotas de agua chocando contra los cristales de la ventana como música nupcial; para mí, la lluvia el día de una boda, es signo de buena suerte. Estábamos en otoño y el chaparrón no sería de extrañar, si en los días anteriores el sol no brillara de tal manera que parecía que el verano no se había terminado. El vestido era, de por lo menos quinta mano, pero era resultón y esperaba que nadie llegara apreciar tal detalle. Un desconocido me venía a buscar, decía que era el padrino, ¡estaba para comer con pan! Lo cierto es que de los pormenores se encargaba el novio, del que tuve que memorizar toda su vida. En la entrada del juzgado cogida del brazo de un extraño, - el padrino -, quedé con la boca abierta al ver el despliegue de flores que adornaban tan bello lugar, me sorprendió, porque digo yo, si era una boda de pega o de pago, como ustedes prefieran llamarlo, ¿para qué tantos adornos? Salimos del lugar como marido y mujer, y haríamos el paripé, al menos durante un tiempo más o menos adecuado para que dejaran de vigilarnos los de extranjería. Seguramente estaréis pensando que nos enamoramos. ¡Pues no! El muchacho era gay. Venían con asiduidad el novio de mi marido, que debo aclarar que era mi hermano y el tío bueno del padrino, que resultó ser hermano de mi marido. Entiendo que pueda resultar un poco lioso, y que lleguen a pensar... ¿por qué no se casó mi hermano con su novio?; les aclaro que justamente seis meses de la boda se aprobó la ley de matrimonios homosexuales. Para dejarles un poco de intimidad a mi marido con mi hermano, el hermano de mi marido y yo nos quedábamos en la salita o paseábamos por el parque y... ¡Sí! Sin darnos cuenta llegó el amor. Un tren que no dejé escapar. El resto se lo pueden imaginar. Ahora díganme ustedes, fue una boda de conveniencia o por amor.

AMOR

20. (Concurso Otoñal) LOCURA

No es culpa mía. Te han ido cambiando y tú eres tan tonta y tan buena que no te has dado cuenta de lo que estaba pasando hasta que ha sido demasiado tarde… Aquí los únicos culpables han sido esos odiosos sueños tuyos y también todos los que te han dado alas para creer que podías cumplirlos. ¿Y yo qué, nadie pensó en mí o en dónde me quedaba yo si tú empezabas a cumplirlos? No, eso nunca le importó a nadie… ¡Malditos egoístas!
Hoy haríamos diez años de casados mi amor y por eso he venido a verte. Creo que todavía te quiero más que entonces. Uno se vuelve loco cuando ama así. Necesito que lo entiendas y que sepas que si cambié fue por eso, por quererte tanto. Quiero que no olvides que nadie te ha querido nunca como yo y que nadie lo hará. ¿Recuerdas ese día? Tú siempre me decías que el otoño era la estación más romántica para casarse y tenías razón. Todo fue tan perfecto… Hoy me volvería a casar contigo con los ojos cerrados. Eso sí, esta vez tú y yo solos, sin nadie más.
Quería decirte todo esto mirándote a los ojos… Pedirte que me perdonases y que lo olvidases todo y a todos los que no nos entienden… Que fueses de nuevo mi mujer. Mía otra vez. Como siempre lo fuiste y como siempre lo serás. Pero no me has dejado empezar a hablar, ni siquiera has cogido las flores… Tan sólo quería tocarte y que supieses lo mucho que te he echado de menos este tiempo allí, encerrado entre todos esos tarados.
Ha sido culpa tuya. Me has obligado con tu mirada. No soporto esa mirada. No aguanto que me tengas miedo. Me vuelves loco si me miras así…

Carmen Lola

sábado, 24 de noviembre de 2012

19. (Concurso Otoñal) PERRA NEGRA

Hoy he llevado a mi perra al veterinario para que la sacrificara, tenía quince años y el cuerpo cansado. Me ha regalado su último aliento con gratitud, me he quedado hasta el final, quería estar segura de que no se hiciera un mal uso de su cuerpo. He llorado amargamente, igual que llora la niebla día tras día de este húmedo otoño en el que Negra ha muerto.
No quería volver a casa, sabía que estaba completamente vacía, al igual que mi corazón… He paseado largo tiempo pisando hojas muertas a los pies de sus amos,  árboles que con generosidad acatan las órdenes de la naturaleza.
El equilibrio se ha hecho realidad una vez más. He recogido mis últimas lágrimas y las he guardado cuidadosamente en el bolsillo, envueltas en un suave pañuelo de tela blanca.
Luego, he llamado a mi gente, he compartido una comida alegre y distendida, me he abrigado con sus besos, me he nutrido de mi suerte.


Anónimo

18. (Concurso Otoñal) EN BUSCA DE UNA PROMESA

 Julián atravesó de puntillas el corredor, nadie advertiría su ausencia hasta la noche, salió del internado con la esperanza de no ser visto por sus mentores. Caminaba entre viejas calles, salteaba charcos hasta llegar a un amago de bosque en tierra de nadie, donde a lo lejos se distinguía unas viejas mansiones. Algunas ocupadas por miembros olvidados de estirpes arruinadas. Otras invadidas por la maleza y el abandono. Julián se adentraba por uno de los caserones abandonados hasta llegar a la fuente de los ángeles; el pelaje blanco y aterciopelado de un gato se recortaba inmóvil frente a la verja y al verlo, se dirigió hacia él ronroneando, Julián le ofreció un poco de leche que llevaba en un pequeño botellín, se la echó en un plato que escondía entre la maleza y se sentó en un banco a esperar que se hiciera realidad una promesa, el felino acabó su banquete y de un salto se echó en el regazo de Julián, que comenzó acariciar con la mirada perdida en el pasado, cuando aquel lugar disfrutaba de un esplendor que el tiempo arrancó. Hurgó en el bolsillo de la chaqueta y sacó una vieja foto. El día que su madre se la dio, le aseguró que volvería a buscarlo en otoño cuando pasaran dos años y de esto hacia ya cinco años.
Empezaba anochecer y decidió volver sobre sus pasos al internado, arrastraba sus pies con gran melancolía. Regresaría a ese lugar, durante ese otoño y el siguiente, y el próximo, hasta ver cumplida la promesa de su madre.

Internado

17. (Concurso Otoñal) UN AUTÉNTICO RETO

No podía dejar que una lágrima rebelde delatara su estado de ánimo. Porfió contra sí misma y consiguió cambiarla por una sonrisa. Ahora estaba preparada para enfrentarse a su público. Ese público difícil que le daba de comer. Ella era perfeccionista y era ¡tan arduo en su trabajo alcanzar la perfección…! Ya no le quedaba mucho tiempo. Los años se habían pasado volando y, en el otoño de su vida, necesitaba mucha fuerza y energía para seguir enamorando a tanta gente año tras año, para llevarlos de la mano un trecho del camino y servir, en algún momento: de modelo, de inspiración, de apoyo, de guía… ¿A cuántos habrían ayudado sus palabras? ¿Cuántos habrían apreciado sus esfuerzos para llegar a ser lo que era? Una maestra de pueblo que nunca había perdido sus ganas de aprender.

 Vocación Renovada


viernes, 23 de noviembre de 2012

16. (Concurso Otoñal) UN CORAZÓN NUEVO

Un otoño virulento fue minando nuestras esperanzas. Los negocios cerraban, el bullicio desaparecía de las calles, la gente andaba sonámbula de un lado para otro. Los que aún  conservaban el trabajo debían pasar más horas en él y la faena se les amontonaba. Al volver a casa tenían que lidiar con los familiares despedidos o los amigos arruinados. Adriana no sabía qué camino coger. Desorientada, pensó en acabar con su vida de una vez. No sufrir, dejar de sufrir, acunarse en una nada placida, un dulce sueño sin despertar. Pero no podía hacerle eso. Estaba comprometida hasta la médula, no podía defraudarle. Y siguió viviendo y luchando mientras su vientre se abombaba y escuchaba su latido cada vez más fuerte.

Esperanza Siempre

miércoles, 14 de noviembre de 2012

15. (Concurso Otoñal) UN SOLDADO

Entramos en Moscú para descubrir una ciudad helada y vacía, que apenas lográbamos llenar con el murmullo de nuestros maltrechos pasos. Según avanzábamos por ella, sólo la derrota se decidió a seguirnos, haciéndonos la promesa de cobrarse más vidas en el inevitable viaje de vuelta. ¿Cuántos habían caído ya muertos de hambre y de frío, cuántos caerían? El blanco de la nieve me cegaba y borraba los detalles de sus rostros; sin embargo me acordaba de él, de sus últimas palabras, aquellas que me han mantenido con vida: “vigila tus pies”.
Agacho la cabeza y una vez más elijo un infeliz, ése al que le robaré los zapatos cuando caiga la noche. No puedo hacer otra cosa.

Lily Popp

14. (Concurso Otoñal) BIS

Había comenzado a pensar que su inspiración estaba tocando fondo.
“Dos microrrelatos a la semana, durante más de veinte años, son muchas historias para cualquiera”, se decía a modo de justificación; al tiempo que oía con claridad los mismas tonterías de siempre: “No te abandones, tienes la rutina de crear, no puedes dejarlo ahora”. “Muchas veces antes sentiste que las ideas te abandonaban y mírate”. “La vida te inspirará como lo ha hecho siempre, sólo has de abrir los ojos”. “La imaginación no se agota, los cuentos seguirán fluyendo”. “Coge la hoja o ponte ante el ordenador. No seas perezoso”.
Poco después las voces que habitaban en su cabeza callaron de repente, decepcionadas y perplejas a un tiempo. Acaba de coger un microrrelato que ya había publicado en su blog hacia algunos años y lo estaba editando como nuevo.

Athos


13. (Concurso Otoñal) CORAZÓN QUE NO SIENTE

Durante la comida, viendo las noticias, pude comprobar que no te inmutabas al oír al presidente de la nación prometer diálogo tanto con los sindicatos como con la oposición. También me pareció que permanecías impasible al escuchar al concejal de turno decir que el autobús, en contra de lo que se pensaba, no costaba más o que tener un aeropuerto, se usase o no, era una excelente idea. Incluso, antes de sentarnos a la mesa, me comentaste que el seguro no nos pagaría los destrozos en el tejado alegando que el viento, ése que los periodistas no habían dudado en calificar de huracán, había sido en realidad bien poca cosa.
Todo aquello me hizo pensar que era un buen momento; por eso y porque he de cumplir por contrato con una cuota mínima, a los postres, dije que te quería.

Karla Grimm

jueves, 8 de noviembre de 2012

12. (Concurso Otoñal) AFÁN DE SUPERACIÓN

Cuando nació Pedro, un día de otoño, nuestra alegría se convirtió en sorpresa y preocupación, la felicidad intentaba desvanecerse, te preguntabas qué hiciste mal y poco a poco aceptabas la situación. Nuestras vidas cambiaron totalmente, por lo menos al principio, luego todo se fue asentando. Afortunadamente. Muchos, llegaron a pensar que era una desgracia, cómo un regalo mal envuelto, no era hermoso a primera vista, pero, según vamos destapando ese regalo, nos encontramos que lo que hay dentro es maravilloso.
Alrededor de Pedro caminaban nuestros pasos; ¡siempre alegre, siempre con el afán de superación, siempre sacándonos una sonrisa!.
Se acabaron las fiestas y el constante ir y venir de las playas en un alegre y breve descanso estival, y me sumergir en la rutina otoñal, donde empecé a preparar el material escolar para que Pedro, con seis años y deseoso de iniciar los juegos con sus amiguitos de tareas, lo tuviera todo preparado.
El primer día de clase se levantaba nervioso, ansioso por llegar puntual. En nuestro recorrido, al pasar por el parque, una ráfaga de aire hizo bailar las hojas de los árboles que caían como lluvia a cámara lenta, y me sonreí al verlo agacharse y rebuscar entre ellas en una selección perfecta ante su mirada, recogió un par de hojas secas; igual que habíamos hecho el año anterior cuando le enseñe a guardarlas en su libro favorito. Sacamos su libro de este año y colocó una hoja con mucho cuidado en la primera página y la otra en la última. Su andar, a modo de saltitos era alegre, y cuando llegamos al parvulario, los lloros de los niños hacían eco en una mañana donde la lluvia empezaba abrirse camino, pero Pedro me enseño su mejor sonrisa y entró como un hombrecito, yo sabía que no tenía necesidad de romper ningún molde, ni demostrar nada a nadie, pero a mí me demostraba cada día que el único disgusto que me pudo haber proporcionado aquel día de otoño, fue su diagnóstico, que era un niño con Síndrome de Down, aunque el tiempo me argumentó que más que disgusto fue sorpresa.

REGALO

sábado, 3 de noviembre de 2012

11. (Concurso Otoñal) EN LA ALBORADA

Llegado ya el día, el Guardián de la Noche se encamina por la ventana, dándome un beso en la frente, deseándome un buen día; acompañado del Viento, que me saluda. Nunca lo dejaría marchar, pues su recuerdo me acompaña cada noche; en cada libro, en cada gesto está él; dormido, escondido, esperando que pase lenta la queda; amigo de la infancia, colega de aventuras que al anochecer, recordamos y vivimos.
Apenada lo veo salir por entre las estrellas que acompañan a mi fiel amiga la luna; su imagen ya es la sombra que se ocupa de adormecer a los búhos. Tenía que haberlo dejado marchar hacía tiempo, ya cumplió su cometido en este mundo, ya me ha protegido en los malos momentos del despertar, finalmente se ha fundido con el Alba, que protege con su gran amigo el Astro Rey el paisaje. Próximo el Mar, asciende por entre las rocas que lo sujetan firme en su habitáculo, ayudándome a despedirme de mi amiga la pena, a sobrellevar la mañana; a sonreirle a los rayos del sol, a las flores, a las hojas que poco a poco descienden del cielo. Esperando que mi buena amiga la lluvia, se digne a visitarme; escondida entre las nubes oscuras de su compañera la Noche, pues la queda ha sido fría y el día está caliente. Quisiera ser como esa muchacha que me saluda todos los días y se para conmigo sin conocerla de nada, hablándome de sus cosas; con el amanecer se va, y al anochecer me saluda. Siempre por el mismo camino que cojo a casa; observo como ella, los múltiples colores que recuerda, de su infancia y de su vida arrebatada; intento descubrir entre las luces de la aurora las miles de amigas que la acompañan todas las noches, sin poder siquiera sentirlas tan cerca como ella; parte de su vida destronada en un simple gesto del sol; pero la animo hablándole del canto de los pájaros que la despiden en un alegre son, de las flores que tímidas la saludan, de la lluvia que la envuelve en un manto gris, del Viento que le pide asiento a su lado, interesado en bailar con ella como todas las mañanas, le cuento los relatos que las hojas han vivido a lo largo de las horas, del erizo que se olvidó las púas, de la paloma que da de comer a sus hijos; despidiéndome entonces de ella, y recibir a su prima hermana, la mañana; que despide a la madrugada, a la amanecida, y besa a la Alborada, esperando contarle nuevas aventuras a la tarde y al anochecer, que con la madrugada charlan con el amanecer, mi Guardián Nocturno, para felicitarla por su alegre despertar aunque la lluvia o el frío la acompañe, en su seriedad y silencio.

Chica Lunablanca

viernes, 2 de noviembre de 2012

10. (Concurso Otoñal) HIELO

Ha llegado el otoño y con él los árboles de nuestra calle han vuelto a quedarse desnudos. La tristeza, esa que sobrevuela como ave de rapiña en busca de nueva presa, se va posando sobre mi e intento no pensar en ella frente a un televisor que no me dice nada y envuelta en una vida que se me tambalea por instantes… Y en ella, en mi vida, también está él. Ese mismo él que no hace tanto me llamaba “amor“ intercalándolo magistralmente entre frase y frase. Pero de eso ya hace tanto…
Sé que aún es esa misma persona porque esos son sus ojos, esas sus manos y ese su viejo pijama que yo misma le compré hace mil navidades. Y sin embargo aquí, desde este frío metro que separa mi sofá del suyo lo siento como a un completo extraño al que no sé cómo dirigirme sin sentir un terrible miedo a su respuesta.
Decido entonces jugar a contar los minutos que pasan hasta que gira su cabeza para mirarme… Pero al final me cansó de contar. Como siempre. Y le doy las buenas noches mientras camino hacía mi dormitorio preguntándome cuánto tiempo llevará sin hacerlo, sin mirarme de verdad, o cuánto más tendré que contar hasta que me decida por fin a dejar de guardar este silencio absurdo.


Andrea Marcos

jueves, 1 de noviembre de 2012

9. (Concurso Otoñal) OTOÑO GRIS

Todos los días de su infancia debía atravesar ese inmenso parque arbolado para llegar al puesto donde trabajaba repartiendo diarios como canillita, a fin de ayudar al sustento de su madre sumergida en la extrema la pobreza. En esa mañana lluviosa y fría de otoño el parque estaba vacío y esa soledad rodeaba la tristeza gris de su vida.
Como lo hacía habitualmente, se detuvo a mirar bajo una persistente llovizna, la imagen de aquella sucia estatua de madera tallada en un enorme tronco seco de un árbol caído. La figura pretendía simbolizar a un niño débil y desnutrido como él, protegido por miles de manos solidarias, que alguien deliberada y maliciosamente había deteriorado.
Pero al reiniciar nuevamente su marcha, de repente cesó la lluvia al apartarse momentáneamente las nubes y comenzó a asomar el sol por entre las pocas hojas raídas y desgastadas, que todavía pendían de los árboles en ese otoño. Entonces detuvo sus pasos fascinado, observando como comenzaban a aparecer en el cielo los colores del arco iris y se iluminaban las hojas, creando una multitud de deslumbrantes tonos multicolores.
Y como si saliese de un encierro, el tono gris que todo lo rodeaba se llenó de color. Los senderos serpenteados del parque que se habían mostrado oscuros e intrincados hacía sólo un rato, aparecían ahora iluminados y majestuosos, mientras comenzaron a escucharse como por un encanto, el alegre trinar de los pájaros.
Las numerosas hojas secas caídas en el suelo se despertaban de su letargo y se cubrían de colores y aquella sucia y deteriorada estatua con la imagen de sus manos dañadas, se impregnó de belleza, al ser iluminadas en un brillante e inmaculado tono verde esperanza. Como si se hubiera escapado de ese otoño gris donde había estado recluido hacía sólo unos instantes, comenzó a nacer en su mente una sensación de felicidad, desde aquel abatimiento que lo acompañaba en su camino.
Era un milagro. Era como si todo hubiera cambiado. Era como si realmente aquel otoño gris de su vida, se había transformado mágicamente en primavera. ¡Por fin habían aparecido los matices multicolores en aquel gris otoñal de tristeza y miseria que lo rodeaba!
Pero, tan pronto como vino, se fue y aquella sensación se desvaneció en forma abrupta, volviendo a resurgir en su vida aquel entorno gris de ese día de otoño. Todo sucedió cuando parado en ese sendero del parque, sobre la tierra apisonada con polvo de ladrillo cubiertas de miles de hojas muertas, comenzó a percibir sobre su escuálido cuerpo, unas frías gotas de lluvia que repentinamente habían comenzado nuevamente a caer.

Aliver

jueves, 18 de octubre de 2012

8. (Concurso Otoñal) UN TROZO DE DULCE

Cuando era pequeña, mi madre hacía dulce de membrillo todos los otoños. Recogíamos del huerto esos frutos aromáticos con una textura en la piel que me recordaba al terciopelo. Ella, se reía placidamente mientras el cubo se iba llenando de un amarillo ocre divino.
- Ven, anda que te aupe y coges el que asoma de esa rama más alta, parece estar maduro.
Yo, dejaba que me prendiera por la cintura, que me alzara hasta aquél membrillo lejano con la esperanza de acabar pronto, irnos a casa y cocinar.
- Mira, allí en la esquina, hay otro que también nos conviene. ¡Uy! no hay dinero suficiente en el mundo para pagar tanta hermosura.
Con el cajón lleno, la tarde echada y un placer inmenso, regresábamos por un camino de tierra, directas a la cocina. Aquellos frutos mágicos y forasteros, en un instante, lo colmaban todo con su fragancia particular. Los triaba, este aquí, ese otro, al armario de la ropa blanca, siempre envuelto en un paño suave, destinado a envejecer junto al ajuar de su juventud.
- Ahora, pondremos a cocer los membrillos.
Mi madre de puntillas, alcanzaba del aparador una olla grande, pulcra y redonda, de las de guisar cosas buenas, luego, la llenaba con los exquisitos aspirantes a dulce y los cubría con agua, iban directos al fuego, justo media hora abrigados por la cobertera.
- Tenemos que esperar un poco a que se enfríen para pelarlos y sepárales el corazón.
Yo, miraba a mi madre de reojo, ella, trajinaba con los desperdicios y repulía una y otra vez el mármol blanco hasta dejarlo más blanco; pasado y medido el tiempo, me encargaba de pesar la pulpa cocida y aunarla a la misma cantidad de azúcar.
- Lo has hecho muy bien, ahora lo picamos todo en la capoladora y otra vez al fuego, en la misma cazuela, otro rato de media hora. Eso sí, sólo puedes remover la pasta con este palo de madera y sin respiro.
El vaho sublimado, se untaba en el paladar al verter la humeante jalea en las cajas de metal, rebozadas siempre en papel de estraza para luego, esperar el poso.
Tiempo después, mi madre olvidó el huerto, los membrillos, el camino, la olla, las proporciones y nunca más nombró sus pertenencias de novia. Yo, de vez en cuando, tengo que recordar que ya no me gusta el dulce de membrillo y que el otoño no es más que la antesala del invierno.


Dulce

7. (Concurso Otoñal) DECADENCIA

En la plenitud del verano, un árbol centenario mostraba orgulloso sus hermosas hojas. Entre ellas rivalizaban por lucir el color más verde, por ser la más grande o la que tenía las formas más perfectas. El viejo árbol se sentía admirado por los paseantes, que lo contemplaban y lo veneraban. Pero se acercaba el otoño, las hojas iban perdiendo fuerza. Estaban tristes, angustiadas, ¿cuál de ellas sería la primera en caer al suelo? ¿Quién la siguiente y la siguiente? Ninguna deseaba desprenderse de su rama. Morirían pisoteadas, arrastradas por el viento lejos de su árbol.
El verde intenso perdía fuerza tornando al amarillo, al dorado. Pronto cayó la primera, venía de una rama alta. Todas intentaron detenerla, pero fue imposible. Una tras otra, día tras día, todas cayeron a los pies del viejo centenario. Ahora tímido, desarropado, indiferente a las miradas, sentía cómo se cerraba otro anillo en su interior y otro ciclo de su vida.
AUTUM

martes, 16 de octubre de 2012

6. (Concurso Otoñal) AMANECIO DE GOLPE EN OTOÑO

Hoy una mañana esplendorosa… todos vamos a expresar.. El ejército de millones de electores aguarda, unos para relegitimar….. Otros para redimir pero la esencia es común…. Debemos decidir tener una sociedad en paz. Consignas y vítores se expresan en las miradas de todos de la fila, en baja voz murmuran su descontento, transcurren largas horas y al fin…. con nuestro meñique teñido purpura hemos cumplido con el deber. Ahora solo resta esperar. La tarde se torna gris, los medios nos envuelven con cantos de sirena, la hora se acerca, con el anochecer la tensión aumenta, falta poco… comienza el bombardeo, todos dan su versión… Habrá que esperar. Sorpresivamente de madrugonazo el árbitro se hace presente extraño..! Exclame y de forma contundente con tendencia irreversible 53 a 44…vitorea la crónica de una muerte anunciada nuestro País se ha quebrado en dos hemisferios irreconciliables.
ZAGO

sábado, 6 de octubre de 2012

5. (Concurso Otoñal) MI QUERIDA VIDA

Mi querida vida,
Espero que cuando leas estos pensamientos no te enojes conmigo, no malicies ingratitud y desafecto en mis palabras. Pocas veces nos hemos mostrado sin máscara, pocas, hemos especulado la una de la otra.
Te conozco como si te hubiera parido, tú, al dedillo y mejor que nadie, inquilina en mi desván, muda y ciega desde antes de tener memoria.
En este, mi otoño particular, siento la imperiosa necesidad de avenirme contigo, de asir las riendas de nuestro amancebamiento vital, de hilvanar el guión de los penúltimos capítulos, y tú, tú te callarás, aceptarás mis condiciones con la misma abdicación que yo te he facilitado.
De niña, fuiste una madre ausente, floja y solitaria.
De joven, un padre que me anegó sin conciencia en una familia dispersa, ruda y triste.
Luego, en soledad, vagué años virando de instante en instante según tu capricho. Consentiste sin reparos que me enamorara de la persona equivocada, y te maldije desde la tristeza, permitiste que me extraviara en un inmenso mar con el cielo siempre nublado, en él, perdí el norte y también el sur, y tú, me azuzabas a bregar cada vez más rápido contra corriente, hiciste de mí una marioneta zaherida en un diminuto teatrillo.
Y ahora, en este, mi otoño particular, siento la emoción de agradecerte tus caricias furtivas, puntal absoluto hasta en las batallas más perdidas. Me instruiste para levantarme tras cada caída, sacudiendo con tesón el polvo de mi falda, a aliviar los desconchones de emociones desbocadas.  
Mi querida vida,
Desde este, mi otoño particular, te instigo al más luengo e intenso de los abrazos y te pido que lo recojas, que lo tornes punto de lectura en nuestro libro de bitácora, en ese insignificante vademécum que llevamos trazando largo tiempo.


P.D. Te ruego que no me vacíes hasta tintinear la hora.



María