domingo, 16 de noviembre de 2014

AMNESIA


Le invadía una fuerte enfermedad cada vez que tocaba esos venenosos labios.
El diagnostico oficial era que padecía una demencia senil de tipo Alzheimer; un caso de mal neurodegenerativo que actuaba de una forma peculiar; algunos días olvidaba comer la ensalada verde y se pasaba directo el corte, otros días olvidaba las llaves del auto, la televisión encendida, levantar la tapa del baño.

Hoy por primera vez olvidó que estaba casado, también que su esposa tenía un arma.
Alejandro Ramos Ayala


ENSALADA DE TIROS



Mientras el sargento examinaba el cadáver tendido sobre la lujosa moqueta del "Bocatto di Cardinale", Granger introducía un índice en los spaghetti alla putanesca y se lo llevaba a la boca.
- Inspector, tiene toda la pinta del típico ajuste de cuentas entre familias rivales. El cuerpo de Cotugno ha sido acribillado. Subfusiles Thompson, probablemente.
- Novak, me importa un comino el asesinato. Lo que resulta intolerable es que a esta salsa no le hayan añadido alcaparras. ¡Es un restaurante de cinco tenedores, por el amor de Dios! Detenga al chef y no olvide leerle sus derechos.


Rafa Sastre

PEQUEÑOS DETALLES


Imagen procedente del blog DELVALLEPARATODOSRADIO 


Era nuestra primera cita en un restaurante de moda. Los contactos vía internet resultan muy impersonales. He de reconocer que toda ella me atraía. Pedimos los entrantes mientras degustábamos un aperitivo. Quería que saliera bien, pero estaba demasiado nervioso. La veía desnuda acariciando su copa fría. La conversación era banal. Desmenuzaba mi roti y ella sorbía la vichyssoisse con devoción. La imaginaba en otro contexto devorándome entero. Mi mente viajaba muy rápida.
Y entonces sucedió, el picor de mi nariz se convirtió en un estruendoso estornudo propulsor de la ensalada que acompañaba mi plato. La despedida fue en verde.
Malén Carrillo (Maga)

La última cena


 Dave no dejaba de asombrarse por la perspicacia que tenía su empleado más valioso, Oliver, para encontrar los sitios más insólitos para cenar.

—Oliver, ¡esto es magnífico! El resto de los mortales, convertidos en meras hormigas allí abajo y nosotros aquí, en lo más alto de Nueva York, degustando un delicioso menú y hablando de negocios. Jesús, ¡esto es vida! —Dave se recostó con brusquedad en su silla, que terminó balanceándose ligeramente.

—Sí, Dave, hablemos de negocios. —Oliver carraspeó y le dio una palmadita en el hombro a uno de los camareros que pendía, sujeto a una gran cuerda, a pocos centímetros de él. —Ponle más vino a mi jefe y gran amigo Dave.

Dave, visiblemente ebrio, intentó alcanzar él solo la imponente botella del James Berry Vineyard, con tan mala suerte  que una de las patas de su silla se desarticuló de la vía que los estaba manteniendo a una altura más que decente.

¡Oh, mierda! Ollie, ayúdame, ¿quieres? Dile a esos… a esos tipos que me agarren del abrigo, pero con cuidado, ¿eh? —Dave soltó una carcajada poco convincente.

Oliver no hizo nada. Se quedó muy quieto, sonriendo con disimulo y desmenuzando su servilleta. Después, le guiñó un ojo a los camareros flotantes y éstos agarraron con fuerza a Dave, arrancando de cuajo la silla sobre la que se encontraba temblando como un flan.

—¡OLLIE! ¿PERO QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO? —Chilló un visiblemente afectado Dave, que hiperventilaba y se estaba poniendo morado.

—¿Cuándo me vas a pagar lo que me debes, Dave? —Respondió Oliver con una tranquilidad casi amenazadora.

—Ollie, Oliver, amigo, sabes que siempre pago mis deudas… Necesito…Necesito tiempo, ¿vale? Ya sabes cómo va la empresa ahora mismo…No estamos en nuestro mejor momento, Oliver, maldita sea, dame un par de semanas, ¿te parece?


—Adiós, Dave —Dijo Oliver, chasqueando los dedos. Los camareros se miraron entre sí y soltaron a Dave, que cayó con un chillido que fue menguando rápidamente de intensidad.