martes, 7 de enero de 2014

El cumpleaños




¡Cuánto tardan! pensaba Felisa sentada a una de las preciosas mesas que habían instalado, con todo lujo de detalles a las afueras del pueblo, para celebrar sus cien años. Era la persona más longeva de la localidad y se habían esmerado en preparar un gran banquete. Los manteles de lino blanquísimo, descansaban junto a las sillas forradas de la misma tela; las copas de Bohemia esperaban sedientas los colores y aromas de los vinos de reserva, mientras los platos prometían una delicia de jamón ibérico, quesos de la tierra, perdices encebolladas y demás manjares dispuestos para la ocasión. ¡Cuánto tardan! volvió a exclamar para sus adentros la feliz anciana, mientras su nieta Ángela, sentada en su lecho, cerraba sus párpados ya sin vida con una suave caricia.

domingo, 5 de enero de 2014

El banquete


Fotografía de Nikos Vandinoudis

Solo al bobo de Nemesio se le ocurriría celebrar el banquete de sus segundas nupcias, al que ha convidado a todo el pueblo, en este baldío. Le repetí una y mil veces que lo plantara de cebada, que se pagaba bien y necesitaba pocos cuidados. Pero mi viudo, además de ceporro, siempre ha sido un holgazán de cuidado. Y encima, desde que cobró mi seguro de vida se cree el Rey del Mambo.

Pero qué idiota es el pobre. La Mariví esa, la dependienta de la pescadería, se lo ha camelado bien camelado. La muy zalamera le dice que le quiere… ¡Pero cómo puede una mujer de treinta y muchos años, aunque se le haya pasado el arroz, enamorarse de un carcamal de ochenta! Un viejo calvo, cojo, con la dentadura postiza, medio ciego y con ese genio del demonio que tiene. ¡A otro perro con ese hueso!

Ahora cuando vuelvan de la iglesia y comience el festín, les voy a dar una sorpresa. Voy a desatar una tormenta de padre y muy señor mío. Lanzo toneladas de granizo del gordo y, si puedo, porque aún no estoy muy ducha en esto, mando un rayo directo al corazón de Nemesio y me lo traigo conmigo. Lo siento mucho por los invitados, pero no puedo permitir que se consume esta mascarada.

viernes, 13 de diciembre de 2013

EL HUERTITO DE CANITO











Esta es la historia de un joven emprendedor de un pequeño pueblo, ubicado en la España profunda y tantas veces olvidada, que un día tuvo un sueño.
A su madre le encantaban las películas de romanos que los sábados, en su juventud, proyectaban en el cine/casino de la Plaza Mayor. Quizás por eso tuvo muy claro, durante el embarazo, que si era niña se llamaría Claudia y Augusto si venía con colita. Al padre de la criatura nadie le iba a mover de sus arraigadas tradiciones familiares: Su bisabuelo fue Nicanor, el Nabo, su abuelo, su padre y el mismo, llevaban con orgullo el nombre de Nicanor. Su vástago sería Nicanor, por supuesto. El apodo “Nabo” les venía por su oficio: Agricultores. Mayoritariamente se dedicaban a la cosecha de calabazas, rábanos, pepinos y nabos.
El pequeño Nicanor Augusto Sánchez Abundio quedó huérfano a la temprana edad de cinco años, siendo su abuelo Nicanor el que  se hizo cargo de su educación y cuidado, enseñándole todo lo que debía saber acerca de los cultivos de la huerta, creciendo rodeado de brasicáceas, vainas, cucurbitáceas y hortalizas. Bueno, en realidad no es que creciera demasiado, sus compañeros de colegio le llamaban cariñosamente “Canito”, por lo esmirriado, enclenque y gilitocho que era. A él no le importaba, vivía en su nube (en la pola, decimos por aquí) y siempre sonreía a todos. Aparte es la mención a la costumbre que tenía de firmar los exámenes con sus iniciales: N.A.S.A.
Como decía al comienzo del relato, Nicanor, Canito o el Nabo, como prefieran ustedes, tenía un sueño: Quería ser astronauta, viajar a través de las galaxias… Y plantar sus nabos por todo el universo, conocido y desconocido.
A los quince años comenzó a desarrollar nuevas inquietudes y a experimentar nuevas técnicas de cultivo. Motivado en parte por el cambio climático, en parte por un claro síndrome de Diógenes, además de una evidente falta de amor maternal acompañada en este caldo (al que siempre le faltaron un par de hervores), la férrea disciplina de su abuelo, tristemente fallecido el invierno anterior. Era frecuente verle recogiendo envases plásticos o de vidrio de las basuras, y pintando con spray de colores en vallas y muros sus iniciales, N.A.S.A.
- Canito, ¿Dónde vas cargado con todo eso? – Le preguntaban.
- Tengo que preparar mis nabos.
- ¿Con botellas plásticas?
- Claro, tienen que aprender a sobrevivir en cautividad. En las naves espaciales hay muy poco espacio y cuando me los lleve conmigo no quiero que se mueran. Deben hacerse fuertes.
Aquel jueves de septiembre, Antonia estaba sentada en el banco de la parada del autobús de línea. Era muy temprano. Antonia era ya una mujer más que  madura cuyo único objetivo en la vida era el de recibir y despedir a los viajeros del autobús.
¿Quién sabe si no esperaría a su príncipe azul?, aunque imagino que ya le daría igual que fuera rojo, amarillo, verde o lila. Era la solterona del pueblo; parecía hecha en la misma cazuela que Nicanor y con la misma cocción… Incompleta. Todos la conocían como Antoñita “la Fantástica”.
- ¿Te vas de viaje, Canito? – Preguntó al muchacho cuando este se sentó a su lado en el banco, colocando la pesada maleta entre sus piernas.
- Me voy a las Américas, pero no se lo cuentes a nadie.
- Vale. – Ya no pronunciaron palabra hasta la llegada del autobús que habría de cubrir la primera etapa del largo viaje del chico.
Apenas arrancó el vehículo, a Antoñita la Fantástica le faltó tiempo para salir por piernas y despertar a gritos a todos los vecinos.
- ¡Nicanor se marchó a Nueva York!, ¡Nicanor se marchó a Nueva York!
Esto sucedió hace un par de años, y hasta hace unos días, en que  se produjo el suceso, el pueblo vivía en su apacible y rutinaria tranquilidad. Todos vieron la noticia en la televisión y los periódicos. No había más comentario en los corrillos, tabernas y secadores de pelo de la peluquería de Angelita.
“La NASA plantará nabos en la Luna en el año 2015”.



martes, 10 de diciembre de 2013

FONDO



Fondo, que hondo me sueñas
y lejos que me despiertas.
Acurrucado en tus brazos me arrullo
mientras mi boca dibuja una nube
que poder posar en tus pechos…
Un susurro.
Fondo, que tanto me tientas
y que tan dulce es tu lamento.
Atrapado entre tus piernas me venzo
mientras mis ojos posan en los tuyos
una chispa de pasión y deseo…
Un murmullo.
Fondo, que lento me llevas
y sin excusas que me dejas.
Ahogado en el ansia me duermo
mientras mis manos esculpen a ciegas
de caricias tu rostro…
Tan sereno.
Sinfonía en el tiempo, incompleta,
dulce melodía al viento,
verso suelto de un poema…
Así es como te siento.
Noche de luna eterna,
lluvia mágica de estrellas,
desde lo profundo de mi corazón…
Sin fondo

es así como te quiero.