
¡Cuántos años junto a ti me ha regalado la vida! Comencé a quererte hace demasiado tiempo, cuando expresar claramente los sentimientos estaba mal visto, incluso era pecado. Aprendimos a entendernos con la mirada. En nuestros encuentros, me sonreías, me mirabas fijamente, mis ojos se entretenían en los tuyos. Sin darme cuenta, cogías mi mano y prudentemente, yo te la soltaba, preocupada por miradas castigadoras de beatas que atisbaban detrás de cualquier ventana. Nuestro amor crecía imparable. Tu cuerpo fuerte, acostumbrado al trabajo duro, chocaba con la delicadeza de tus palabras, de tus caricias. Me hacías promesas hermosas, de amor eterno, de cuidarme hasta el fin de nuestros días.
Hoy escuché una música triste, pero dulce, que me trajo el recuerdo de aquellos momentos de juventud.
Ahora que mi cuerpo se va acercando irremediablemente a la tierra y mis pies, torpes y cansados me marcan un paso lento y fatigoso, me sostienen el apoyo inerte de mi bastón y el apoyo incansable de tus manos, que siempre me han acompañado firmes por el camino de nuestra vida.
Me encanta el párrafo final, sobre todo ese "Ahora que mi cuerpo se va acercando irremediablemente a la tierra...". Muy bueno Fergal!!
ResponderEliminarQué bonita declaración de amor eterno!!! Y sobre todo, qué felicidad el sentir que al final de tu vida estás justo al lado de la persona elegida y que te sientes muy feliz por ello. Muy bueno, Fergal.
ResponderEliminarSupongo que la monjita habla de Dios todo el rato. Me gusta tu estilo Dori.
ResponderEliminarDori, este relato tiene unas expresiones preciosas, me encanta como escribes eres clara y trasmites al lector el mensaje que quieres hacer llegar sin necesidad de tener que leer varias veces el relato. Felicidades guapa.
ResponderEliminarUna auténtica declaración de amor, sí señora. Preciosa.
ResponderEliminarOjalá el amor llegue hasta los tiempos de bastones y agotamiento que nos esperan. Muy chulo, me ha gustado.
ResponderEliminarPrecioso y conmovedor. Enhorabuena, Dori.
ResponderEliminarDe acuerdo con todos, Dori. Enhorabuena.
ResponderEliminarQué buenos sois todos con mi relato, me esperaba correciones, alguna crítica, ....,
ResponderEliminarEste pequeño relato está inspirado en una pareja de octogenarios de mi barrio, que pasean cada día agarraditos de la mano y me parece la imagen más bonita que la vida puede regalar a los ojos. Muchas gracias a tod@s amigos.
Muy buen relato, Si señora. Coincido con Marco que la frase "Ahora que mi cuerpo se va acercando irremediablemente a la tierra" es buenísima, para enmarcar.
ResponderEliminarGracias Eufrasio, bueno, no creo que sea para tanto, pero si algún día quereis utilizar esta frase, vuestra es. Yo creo que la escuché alguna vez pero no recuerdo a quién, a mis abuelos quizás.
EliminarPrecioso!!
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