jueves, 26 de julio de 2012

17. (concurso) NUBES BLANCAS, NUBES NEGRAS


Tumbados en la hierba. Los brazos extendidos tocándonos los dedos, las miradas inquietas. Los tres soñábamos que volábamos. Voces, muchas voces llamando  a otras. Voces hablando de todo y de nada. El sonido del agua del lavadero que se diluía en los golpes de la ropa sobre los pilones. Cestas de ropa que se vaciaban y se sembraban al clareo convirtiendo el verano en un invierno blanco y sin frío. Tumbados en la hierba fresca, olor a tierra y fruta, a juegos sin prisas, olor a siega y centeno. Un jilguero se posaba en el suelo y parecía preguntarse qué éramos, que hacíamos. Acaso ¿comíamos gusanos bien gordos o escarabajos perdidos, sin dueño?. Tú, tú siempre comenzabas de pronto.

- ¡Mirad, mirad, un perro! – gritabas mientras Luciano y yo nos levantábamos del suelo asustados girando nuestras cabezas a todos los rincones. Una gran carcajada soltabas entonces señalando  con el dedo el cielo.

- Allí, allí. Pero, pero ya es tarde, ya no es un perro. ¡Es un cerdo! –

Una  nube caminaba sobre nuestras cabezas disfrazándose a cada paso, jugando a ser lo que no era.

- No veo un cerdo. Es un pollo, no, un pato, es un pato, mirad el pico, el cuello… Mirad aquella, parece, parece el tío Pedro – decías tú, Luciano, ¿ te acuerdas?, una nube con chepa, no puede ser otro que el tío Pedro.

Siempre juntos. Raquel, Luciano y Nieves. Y en el medio de los juegos de aquel verano una gran nube negra se fue acercando al pueblo. Una gota, un rayo, un gran trueno. Un chaparrón de ira convirtió entonces la blanca ropa en sombras, el verano en invierno, el calor en fuego, el frío en muerte, la fresca hierba en ortigas, los sueños en pesadillas, las alegrías en miedos. Todos nos refugiamos en pajares de abuelos, en manos que tapaban ojos y contaban cuentos. En el medio del juego de pronto se marchó el verano de la mano del trueno. Aquel verano nosotros, unos niños, nos volvimos tan viejos…

Y ahora, aquí estamos, los tres de nuevo, tumbados en estas hamacas en aquellos mismos campos jugando de nuevo  a ver como en el cielo pasan las nubes regalándonos formas, algunas exactamente iguales, otras tan distintas que ni nuestra imaginación se atrevió nunca a imaginar ni en sueños  ¿Cuántos años hace… 70?

- 76, Raquel, yo tenía diez en aquel Julio, en aquel verano del 36 – dijo Nieves mientras sujetaba con fuerza a su nieto Ismael que señalaba el cielo con su dedo.

- Yeya, ¡mira, mira un móvil y allí, un coche formula uno y una cometa!

- Vaya, vaya, un móvil. ¿Sabes que nunca de pequeña vi un móvil en una nube ni un coche ni  tan siquiera un dinosaurio?, pero cometas, muchísimas cometas y perros y gatos y tios Pedros con chepa – contestaba Nieves mientras Luciano y Raquel reían. Un largo suspiro y un silencio convirtió las nubes en palomas blancas y el futuro en esperanza sin miedo.

VICENZO DELATORRE

8 comentarios:

  1. Precioso!!! Me ha encantado, le doy un tremendo sobresaliente!!!!

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  2. Me ha conmovido. Un cuento con mucho fondo.

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  3. Me ha gustado mucho. Felicidades a su autor.

    Beso.

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  4. Entrañable y siempre bien recibido el recuerdo idealizado de una infancia que no volverá...

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  5. Hermosos recuerdos y hermoso relato!!

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  6. Un relato de este tipo siempre toca la fibra sensible.

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