miércoles, 18 de marzo de 2015

En busca de la libertad






Casi todos los días, le veía acercarse. A veces venía solo, otras acompañado de una mujer. Mientras, ella permanecía siempre en su puesto, amable y complaciente, dispuesta en todo momento cuando se la necesitaba, día tras día.
Una tarde se acercó sin compañía. Sonrió, le acarició el rostro, rozó su vestido de tul y puso la misma melodía que escuchaban invariablemente. Ella no pudo soportar su silencio y decidió romper con el orden establecido.
Para ello convocó a sus fantasmas, quienes acudieron de inmediato, hartos de tanto hastío. Llegaron todos: los espíritus buenos y amables y los que no lo eran tanto. Pero no era momento de excluir a nadie -menos tratándose de espectros- y se dejó llevar por cuantos estaban dispuestos  a proporcionarle la libertad.
No fue fácil. Las guerras entre almas atormentadas son devastadoras y el mundo material carece de valor. Cayeron las lámparas y los candelabros. Los cuadros de los antepasados daban vueltas como torbellinos y se estrellaban contra las paredes. Los cristales de los altos ventanales estallaban en mil pedazos cubriendo el suelo y formando un tapiz de lacerante resplandor. Ella quedó libre, al fin.
Él, estupefacto, asistió a la diabólica representación, inmóvil y sentado en su butaca preferida. En sus manos la caja de música que, hacía escasos minutos, había puesto en marcha inocentemente se encontraba vacía y muda. ¿Y la bailarina que daba vueltas?


17 comentarios:

  1. Muy original y muy bien escrito. Un beso, Amparo.

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    1. Gracias, Rafa. Me alegro de que te haya gustado!!

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  2. Las cajitas de música tienen magia como el final de tu relato.

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  3. Las cajitas de música tienen magia como el final de tu relato.

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  4. Me encantó, como te dije en face. El final fantástico.

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  5. Me encantó como dibujas la historia, pude ver la acción cual un lienzo de tus palabras.
    Excelso.
    Un abrazo.

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  6. Una historia estupenda. El símil utilizado, casi mágico, es muy apropiado. Increíble.

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