domingo, 13 de mayo de 2012

No me digas tu nombre.

Se podría decir que la vida no le cogió por sorpresa. Allan siempre estuvo en el lugar donde quiso estar.
Si quisiérais conocerle, sería muy sencillo. Bajad en la parada de metro de Manuel Becerra y sólo tendréis que andar por el Paseo del Marqués de Zafra hasta el final, para llegar al parque de la Fuente del Berro. Una vez allí, encontrarle será otro cantar, aunque siempre deja pistas inequívocas de su paradero. Un consejo: llevad una botella de vino y el encuentro será memorable.
Recuerdo el día que le conocí. En ese parque habré hecho miles de kilómetros corriendo, pero ese día, simplemente paseaba con “Greta”. La perra, curiosa como era, se acercó a olisquear unos cartones colocados a modo de tejado de dos vertientes que, aprovechando sendos bancos de madera, coronaban un vivac improvisado por manos expertas en construir refugios trashumantes. El día era gris, diez centímetros de nieve alfombraban el suelo. De entre los cartones emergió un hombre con el aspecto de un mendigo de cualquier capital europea. El color de toda su ropa había adoptado la misma tonalidad pardusca a base de sudor y mugre acumulada, sus ojos, brillaban salvajes en el centro de una cara cubierta por una maraña de barba y melena fusionadas por dejadez.
- Bonita bulldog inglesa tiene usted, ¿cómo se llama?
- “Greta”.
- ¿Y la perra?
- No, la perra se llama “Greta”.
- Ya lo suponía, pero tengo la sana costumbre de comenzar cada mañana con una broma para animar el espíritu y ésta ha sido mi primera broma del día. Mi nombre es Allan ¿y el suyo?, no me lo diga, déjeme adivinarlo.
- Eso lo veo, cuanto menos, imposible.
- No si sus padres lo eligieron bien y mirándole, estoy seguro de que así fue. A cada persona le corresponde un nombre y sólo uno, a veces nos lo ponen al nacer y otras, debemos buscarlo. Sin ir más lejos, el nombre que eligieron mis padres, fue Roberto, pero, el nombre que de verdad me corresponde, es Allan. Con unas pocas preguntas adivinaré su nombre y si lo hago, usted me invitará a beber una botella de vino español, hablar tiene el inmediato efecto de causarme una terrible sed.
- Acepto encantado.
- Muy bien, veamos, dígame sin pensarlo su número preferido.
- El nueve.
- Un animal.
- El caballo.
- Profesión.
- Fui abogado, pero ahora me dedico a pensar y a escribir lo que pienso.
- Con esos datos que usted me ha dado, tengo una idea muy clara de cuál es su nombre o cuál, sin lugar a dudas, debería ser.
- Estoy ansioso por saberlo.
- Usted debería llamarse Fernando.
- ¡Madre mía! ¿Cómo lo ha hecho?
- Ha sido muy fácil. Fernando es un nombre de origen Germánico que significa atrevido, osado, audaz. Si nos vamos más atrás, hay quien afirma que Fernando, en términos etimológicos, significa amante de los caballos. Con las dos primeras preguntas ya lo había adivinado.
- ¿Y qué tiene que ver el nueve con mi nombre?
- En realidad, su nombre debería escribirse Ferdinand y Ferdinand, tiene 9 letras.
- Eso está cogido por los pelos.
- Hay más, el hecho de no sentir el mínimo temor o rechazo a hablar con un desconocido, que para más datos, es un mendigo, me dice de usted que es atrevido, osado y audaz, significado literal de Fernando. Su antigua profesión y a la que se dedica usted en la actualidad, son muy propias de su nombre y un rasgo de su personalidad, que descubrí nada más verle, me dio la pista definitiva.
- Y ¿Cuál es ese rasgo, si puedo saberlo?
- A usted le gusta sentirse admirado.
- Eso no lo puede saber con sólo mirarme.
- Pantalones vaqueros con un corte muy moderno, seguramente comprados en Inglaterra, camiseta “Superdry” que resalta sus pectorales, trabajados sin duda alguna con dedicación en el gimnasio, gafas graduadas de Philippe Starck, corte de pelo a navaja, perrita con pedigree, profesión por cuenta propia, que, sin un público que lo admire, no sería una profesión, sino un hobby. ¿Quiere que siga?
- No, creo que es suficiente. Sabe demasiadas cosas para ser un pordiosero.
- No siempre he sido lo que ahora ve.
- ¿Cómo ha llegado a ser lo que es y qué es lo que era antes?
- Por voluntad propia, por indignación, el 15 de mayo hará un año. Antes, era corredor de bolsa. Pero, esa historia se la podré contar mientras nos tomamos ese vino que me he ganado. Tanta charla me ha dejado el gaznate más seco que las barrancas del Cobre.

13 comentarios:

  1. Este relato se lo dedico a mi compañero y amigo Jose Ramón, que escribe como los ángeles, pero que por un problema de modestia y desorganización, nos priva de su prosa.

    ResponderEliminar
  2. Me gustan los textos con diálogos. Imprimen ritmo y dinamismo. Inmediatez. El texto es muy entretenido, Fernando, y se lee con deleite.

    Algunas comas las convertiría en puntos. Sólo eso. Y en la frase inicial pondría dos puntos o punto y seguido, pero no el nombre de Allan entre comas que lleva a la confusión.

    Mejor así:

    Se podría decir que la vida no le cogió por sorpresa: Allan siempre estuvo en el lugar donde quiso estar.

    o así:

    Se podría decir que la vida no le cogió por sorpresa. Allan siempre estuvo en el lugar donde quiso estar.

    ResponderEliminar
  3. Ah, se me olvidaba. Por favor, dile a José Ramón que no nos prive de su prosa y que la comparta con nosotros. Queremos seguir aprendiendo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias como siempre Geli. Lo he corregido ya. Mi amigo Jose Ramón dice que no es capaz de escribir relatos tan cortos, entre tu y yo, me suena a excusa.

      Eliminar
  4. Muy bueno, Fernando. Estoy de acuerdo con Geli en el tema de los diálogos, haces que te identifiques más con el personaje. Me ha gustado en especial dos cosas: la primera, saber que la mendicida es una desgracia en la que podemos caer todos, sea cual sea nuestro estatus social -como le ocurre a tu mendigo-. La segunda, la discusión sobre el origen del nombre, es la que veo cierta reminiscencia de filosofía Platónica sobre el origen de los nombres de las personas y las cosas.

    ResponderEliminar
  5. Muy bueno, Fernando. Convence a José Ramón, dile que ya ha entrado en VE y que ya no podemos vivir sin él.

    ResponderEliminar
  6. Me ha encantado tu mendigo. Seguro que era un ser inteligente que se arruinó por culpa de esta crisis horrible. Cuando te leo, Fernando, me sumerjo en ese mundo tan tuyo, tan diferente al mundo real, y me encanta. Gracias

    ResponderEliminar
  7. Muy bueno tu relato. Estoy de acuerdo con el resto de compañeros en cuanto al dinamismo del relato gracias a los diálogos acertadísimos y entretenidos que has escrito. Y...¡Que venga José Ramón! Siempre tenemos los brazos abiertos para gente que nos aporte ideas nuevas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Amparo, te echo de menos a las teclas.

      Eliminar
  8. Que te voy a decir que no te dijeran Fernando. Tiene muy buen ritmo y engancha desde el principio hasta el final. Enhorabuena. Por cierto dile a tu amigo que nos acompañe aunque sea de vez en cuando

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Fina, a ver cuando te volvemos a leer por aquí.

      Eliminar
  9. Pues una vez leídos todos los comentarios, no sé qué decir, Fernando, porque sería repetir. Me ha gustado, es un relato muy ameno.

    ResponderEliminar