jueves, 23 de junio de 2016

Con la maleta en el rellano




Lo volvió a ver en el escaparate : esta vez lo compró recordando la última tarde que pasaron juntos hablando de lo bien que le sentaría. No dudó tampoco en pintarse los labios de rojo pasión.
Se presentó en el trabajo de él con la excusa de recoger unos papeles impresos, que hacía un rato le había enviado  pero la recepcionista le indico, con voz chirriante, que estaría reunido hasta bien tarde. Le envió un mensaje, no obtuvo respuesta y enrabietada volvió al coche, donde el quemazón de sus manos al volante se le adhirió al resto del cuerpo . Envuelta en la incomoda sudoración creyó, aunque no lo quiso ver, lo confirmó: su mismo vestido rojo y lo vio a él.
El llegó tarde a casa, la buscó ansioso para excusarse de su larga jornada de trabajo, ella le espero sentada en la cama, desnuda. Después de la ropa interior se vistió y le pregunto
—Dime cielo ¿a quien le sienta mejor?
Al día siguiente, cargado, vio
el post-it de su amiga pegado en la mesa de su despacho “su mujer le visito a primera hora”.

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