lunes, 24 de noviembre de 2014

María y su gato “Misi”





El ambiente en la casa es muy agradable; se mezclan los olores de madera de eucalipto -que en su danza con las llamas se oye un agradable crepitar- y el caldo de rabizas que se va haciendo lentamente en una esquina de la cocina.


Todos los días la misma canción. Cuando María ve a su madre coger el barreño, llenarlo de agua caliente y ponerlo en medio de la cocina, echa a correr buscando un lugar donde esconderse; había utilizado montones de sitios diferentes, lugares inesperados, pero al final siempre, siempre la encontraban.


Maríaaa, Maríaaa... ¡Dónde te has metido!


María tenía la esperanza de que su madre la confundiera con su muñeca. Días atrás la había dejado en la alacena. La sacó con rapidez colocándola en el baúl que se encuentra al lado. Se queda desnuda e inmóvil en la misma posición que “Petra”, poco antes se llevo su dedo a la boca pidiéndome que me estuviese quieto y callado.


Maríaaa, Maríaaa... Mira que tiene imaginación. ¿Pero qué haces desnuda? ¡Anda vístete!


María no puede evitar fruncir su entrecejo, levantar una ceja y entreabrir la boca cuando ve a su madre recogerme en sus brazos y comentar. -Vamos a bañar a “Misi”, últimamente se mete en tu cama.
¡No podéis imaginar la cara que se me quedó a mí!.

 

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