martes, 21 de enero de 2014

Dos tipos de loco




Hay dos tipos de loco-que-habla-solo.

Está la mujer o el hombre harapiento que van empujando un carro y charla, se ríe y hasta grita a su interlocutor virtual. Ese es el primer tipo de loco-que-habla-solo. El segundo tipo está formado por hombres o mujeres vestidos de traje que charlan, se ríen y hasta gritan a sus interlocutores virtuales.

Es gracioso ver cualquiera de estos locos en espacios públicos. En la estación de Trenton, New Jersey, me sucedió algo muy gracioso. 



Encontré una pareja de locos ideal. Ella era del primer tipo. Una señora de unos cincuenta años, de raza negra, empujando un carro verde lleno de manchas y trapos de variedad de colores. Era bastante robusta y algo baja de altura, no parecía tener mayores preocupaciones.

Él era del otro tipo. Un hombre de unos cuarenta años, metro ochenta, traje gris brillante y un cable colgando de su oído derecho. Justo donde el pasillo de la pequeña estación es más estrecho se cruzaron por casualidad y algo magnífico —y extraño a la vez— sucedió.

Puede que sus interlocutores virtuales tuvieran la culpa, puede que fuera el destino, me da igual, algo detuvo la marcha autómata de sus cuerpos, algo hizo que sus caminos se cruzaran y aunque ellos creyeran que estaban mirando al infinito (o a nada) se encontraron mirándose el uno al otro y continuaron su diálogo:

—¿Cómo estas?

—Mala vida llevo, John

—Me da pena oírlo.

—¿Y que tal tú por París?

—Ese barrio es una mierda John, esta lleno de putas y viejos verdes.

—¿El Moulin Rouge?, tenemos que ir juntos.

—No creo que pueda John, me duele mucho la espalda, ya no puedo ni con mi culo...

—¡Pero si son sólo ocho horas de vuelo!

—Vete a la mierda John, tú sólo quieres joderme...

—Yo también te quiero cariño.

Sonrieron los dos al mismo tiempo mirándose a los ojos.

Estoy seguro de que les alegró verse sonreír. Aunque fuera un cruce virtual, aunque no hubieran hablado entre ellos, por un segundo, esos dos locos se encontraron con la mirada y se alegraron de estar juntos en este mundo loco.

Después siguieron sus caminos, sus charlas virtuales, sus mundos paralelos…

Todos necesitamos sonreír a alguien de vez en cuando, ¿no creen que sí? Estoy cansándome de mirar este maldito teclado, esta estúpida pantalla del demonio. Voy a por una cerveza, a por una barra, a por un camarero, a por una persona con quién hablar. Voy a la calle, voy a buscar una persona con quién hablar de verdad, aunque no le importe nada lo que vaya a decirle, aunque horas después olvide por completo que yo existí alguna vez.


Pernando Gaztelu



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