martes, 15 de octubre de 2013

LA SANTA COMPAÑA






Apartó la cabeza del marco de la ventana, donde se había apoyado, volvió la vista hacia la cama una vez más. No era capaz de reconocer en aquel desecho de piel y huesos que ahora dormía, a la persona que cuarenta y cinco años atrás le despedía, entre un mar de lágrimas, en el puerto de Vigo.

Un  crucero de nombre “Begoña” –el barco de los emigrantes-, cargado hasta los topes de esperanzas, sueños, hambre y familias rotas, le llevaría hasta Argentina, primera etapa hacia su destino final, México, donde Remigio se convertiría en un próspero hombre de negocios. Ya no volvería a su tierra en todos esos años, era un emprendedor demasiado ocupado como para pensar en otra cosa que no fuera la gestión de sus hoteles en Punta Cana.
El telegrama que le entregaron aquella mañana le devolvió a sus orígenes: “Papá se muere. No hace otra cosa que preguntar por ti. Tu hermana Maruja”.
Acercó los labios a la frente de aquel viejo, su padre, y le beso suavemente. Abandonó la habitación y atravesando la cocina, donde su hermana preparaba café en un puchero, salió al pequeño corral que estaba en la parte de atrás de la casa. Se sentó en la enorme piedra que sobresalía de la tierra (su padre nunca dejó que nadie la quitara, -es el pilar de la casa- decía), prendió un cigarrillo y aspiro el humo… Como necesitaba ese calor en sus pulmones. Cerró los ojos, mientras saboreaba la sensación que le dejaba el tabaco, y se dejó transportar: Se vio cuando apenas eran un chiquillo, sentado en aquella piedra, jugando con la navaja y un trozo de madera de roble. Nunca consiguió tallar nada, a excepción de una pequeña cruz que arrojó en una esquina, pero  de algún modo aquellas horas de lucha contra lo imposible –su falta de talento como escultor- le imprimieron ese carácter perseverante e indomable del que siempre había hecho gala… Hasta hoy. Su padre se estaba muriendo y él apenas se había acordado del viejo en tantos años.
Un murmullo lejano le hizo abrir los ojos, era ya noche cerrada. Vio un resplandor en el camino del acantilado. No… eran más de una luz. Parecían una procesión de candiles. Abrió tanto los ojos que por poco no se le salen de las órbitas.
-¡Dios mío, la Santa Compaña! – Exclamó, pero el grito murió en su garganta; de su boca, abierta hasta el infinito, no salió sonido alguno.
La Santa Compaña, la marcha de las almas en pena, los muertos que no tenían ni cielo ni infierno y vagaban por este mundo de vivos en la procura de almas que llevarse con ellos.
La Santa Compaña… Dejó caer el cigarro y corrió al interior de la casa. Venían a por papá, seguro. A trompicones entró en el cuarto, Maruja estaba sentada a los pies de la cama sorbiendo el café recién hecho. El viejo seguía durmiendo, aparentemente tranquilo.
- La Compaña, Maru… - Ella ni se inmutó, se limitó a encogerse de hombros.
Ya no se movió de la habitación en toda la noche, sentado en el pequeño sillón, bajo la ventana. Los primero rayos de sol le despertaron. Miró a su padre… ¿Su padre? La cama estaba vacía. Se lo había llevado y ahora estaría vagando por el inframundo.
- ¡No! – Gritó con todas sus fuerzas, saliendo de la estancia; al llegar a la cocina el corazón le dio un vuelco, quedó petrificado en el umbral de la puerta, el viejo Remigio Carballo estaba sentado a la mesa y tomaba un tazón de caldo con pan de maíz. Se miraron.
- Ven rapaz, sienta a mi lado y toma una cunca de caldiño conmigo.
- Papá, pero papá… La Santa Compaña… -
El hombre se encogió de hombros y abriendo la camisa le mostró el torso desnudo. De su pecho colgaba una pequeña y rudimentaria cruz de madera de carballo (roble en español).
- Aun no era mi hora.
Afuera se escuchaba el tañir de las campanas de la iglesia… Tocaban a muerto.  

15 comentarios:

  1. Muy bien escrito. prescindiría de aclaraciones a lectores que no conozcan términos o leyendas. Para eso tenemos diccionarios e internet. Las explicaciones cortan el ritmo del relato. Quizá yo hubiera descrito otro final. El que ve la Santa Compaña es el que muere. Haría que el hijo creyese ciertamente en que su padre moriría pero él sería el muerto, aunque no fuera consciente aún de su muerte. En lo que se refiere a los aspectos descriptivos tienes frases en el relato que son perfectas. Te animo a escribir relatos más largos. La paciencia es la que te llevará de la mano. pronto te verás escribiendo como el que hace un dictado. Esta historia bien podría ser el inicio de algo más largo. Un saludo, amigo Foixo dende Vigo.

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  2. Gran relato, Reca. Todos esperamos un final trágico y nos sorprendes con la "resurrección" del viejo. Tal vez el final alternativo que apunta José Luis también hubiera sido impactante. Un abrazo.

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    1. Rafa, como le dije a José Luis, esa es la idea. Son varias las ideas de lo que representa en realidad la Santa Compaña, tan solo escribí lo que me salió de dentro (muy adentro) a una idea que apuntaron anoche David y Jorge en un relato de fantasmas y apariciones, en el que le hace un regalo en forma de guiño a mi ojito derecho. Un abrazo mi buen amigo.

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  3. José Luis, ese es precisamente el final... El muerto ha de ser el hijo, pero no lo sabe. Como sabes siempre va un vivo con la santa compaña, hasta que le pasa el testigo a otro o simplemente se muere. No quería dejarlo tan claro en el relato y que cada uno lo acabe como le parezca o crea. gracias por los consejos, sigo en proceso esponja y no me canso de aprender de todos vosotros, es la única forma de crecer. Oye, somos vecinos: aunque de Cangas mi residencia es Vigo. Un abrazo

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  4. ¡Qué bueno Foixos! Hablando de casualidades. Cuando leí el relato de Volivar me vino a la mente la Santa Compaña y ¡cómo no! a un gallego como tú. Me encanta que sirviera para este buen relato que nos has soltado. Un abrazo

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  5. David, gracias a ti por la idea y la inspiración. Un fuerte abrazo.

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  6. ¡Ayssss, cómo me gustan estos relatos!!! Muy bueno Foixos. Me gusta la idea de que el muerto sea el hijo. Puedes escribir algo más largo o la continuación... Un abrazo.

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    1. Amparo, no quiero ser yo quien termine la historia, pero caerán otras parecidas. Gracias. Un beso y un abrazo.

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  7. Gran relato Foixos. Volver a casa no para enterrar a su padre sino para morir. ¿Casualidad o destino?

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    1. Ambas cosas, Fina. Muchas veces lo que parece casualidad resulta que estaba predestinado y otras es la casualidad lo que provoca que el destino sea diferente. Un beso y un abrazo.

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  8. Vaya buen relato Reca¡¡ Llevas a las meigas dentro y nos envuelven en los misterios ancestrales conforme vamos leyendo tus letras. Un abrazo.

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  9. Gracias Asun. Tengo un pequeño secreto: El apellido de mi padre por parte de mi abuela es Soliño... La bruja más famosa de Galicia fue Maria Soliño, de Cangas, mi pueblo... Eso es otra historia.

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    1. Eso no me lo pierdo... ahí sí que hay misterio contundente, a escribir...

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  10. Me ha gustado mucho. El tema me apasiona, a tu narración no le falta suspense y el final... muy conseguido.

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