jueves, 11 de febrero de 2016

El beso de la castidad





Esta obra pertenece a Gustav Klimt. Quizás sea su obra más conocida. Un óleo sobre lienzo enriquecido con mosaicos, que destila simbolismo allá por donde la miremos. Seguro que más de una vez te has encontrado con esta imagen y has querido saber que esconde detrás de ella.

I
Mi primera impresión es la pasión despertada por una pareja, unidos por un abrazo infinito. Pero va más allá. Sus protagonistas son Apolo, dios griego de las artes y la música y Dafne, una ninfa de los árboles.
Esto hace que miremos la imagen de un modo más curioso, más profundo. Hay toda una historia de amor y lucha encerrada en un solo instante, ese beso. Lo cual nos invita a querer saber de ello.

II
Si nos fijamos, ella ladea la cabeza, parece que quiere huir de esa muestra de afecto, eso puede indicar la virtud de querer conservar su virginidad. Por otra parte, le vemos a él deseando acapararla entera, lo que muestra un deseo sexual latente de poseerla.
La fuerza de color de la capa, adornada con figuras geométricas cuadradas, de Apolo, puede indicarnos su vigor y corpulencia frente a unos coloridos redondeados de Dafne que nos sugieren formas femeninas y delicadeza.
También podemos apreciar cómo ella se va desvaneciendo, tratando de escapar de ese deseo y entrando en una metamorfosis con la naturaleza.

III
En definitiva, diré que esta obra de llamativos colores y figuras inquietantes es todo un símbolo de belleza y mitología. Es la lucha por la virtud frente a la lujuria.

Cómo ella sacrifica su vida por conservar su pureza, transformándose de manera lenta y sumisa en un árbol de laurel. Apolo solo puede resignarse a esa pérdida quedándose solo con su esencia, manifestada en la corona que luce en su cabeza, una guirnalda de lauro.

Mª Belén Mateos Galán (Zaragoza)

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