martes, 25 de marzo de 2014

A la orden

—Tengo miedo…
—No te apures, estoy aquí para complacerte
— ¿Por qué haces esto?
—¿Y por qué no?
— Porque no quiero morir
—Pero si sólo quiero cumplir tus deseos…
—¡Piedad, por favor! ¡Ten piedad!
— Dime qué quieres y yo te lo daré
—Quiero que te calles, quiero que…
La celda se oscureció por completo y un siseo apenas perceptible comenzó a invadir sus oídos.
—¡Hijo de puta!
Constante invadiendo los tímpanos del reo, el sonido tenía una cadencia mortificante, pulsando una y otra vez: sss tac, sss tac, sss tac, sss…
 —¡BASTA!
Sss tac sss tac sss tac sss tac sss…
—¡Soporto eso y mucho más, enfermo! ¡Jódete con tu puto ruido imbécil! ¡Soporto eso y todo lo que quieras!
El sonido era recurrente. Paraba unos minutos y volvía con más potencia destruyendo el muro en su mente, minando su moral, sss tac sss tac sss tac. Violento y cortante, descargador, sss tac sss tac sss tac sss…

—¿Por qué haces esto?, ¿qué quieres de mí?
Sss tac sss tac sss tac sss…
—Quiero que sss tac pidas sss tac morir sss tac…— susurró una voz por detrás del desolador ritmo.
—¡No quiero morir! ¡Para púdrete con tu puta mierda, enfermo!
Sss tac sss tac sss tac sss taladrando el cráneo en cada impacto, vibrando dentro de la mandíbula, en las muelas, en los párpados del reo una y otra vez sin parar un instante por horas sss tac sss tac sss tac sss silencio y un respiro y aire puro y el miedo de que vuelva a empezar… La impresión de que ha acabado, de que es el fin, de que ha triunfado la paciencia y el reo sonríe, disfruta su libertad sonora y  sss tac sss
—¡Ahhhhhhh! Sss tac sss ¡Aaaaaahhh! Sss tac sss
—¡Aaaaaah! ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Auxilio!
Sss tac sss
¡Aaaahhh!
Sss ¡Aaaah! Sss ¡Aaaaah! Sss tac sss tac sss tac sss tac ssS TAC SSS…
—¡Sí, vale, sí hijo de p, sí, quiero morir, quiero morir! ¿Es eso lo que quieres oír?, pues toma: ¡QUIERO MORIR, QUIERO MORIR!
Sss tac…
—¿No me oyes acaso?
Sss tac…
—¡QUIERO MORIR!
Sss, sss, sss… BAN,G BANG, BANG BANG.
—Gracias por pedirlo, ya no soportaba ese maldito ruido... ¿Por qué no pediste que parara, imbécil?
Pernando Gaztelu  

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